El futuro ya es presente

Después de la visita a Washington de los ministros de exteriores de Dinamarca y Groenlandia cabe preguntarse si la OTAN tiene los días contados, habida cuenta como se las gasta el Presidente de Estados Unidos. Lo que es evidente es que el "orden" mundial que conocíamos se ha hecho añicos a cuenta de los unos y los otros.

Asegura Trump que si él hubiese sido Presidente no se habría producido la invasión de Ucrania. Bueno, eso es mucho suponer, pero lo que es evidente es que Ucrania ha sido utilizada en el pasado, tanto por Estados Unidos como por algunos países europeos, para sus propios fines políticos. No les bastaba haber ganado la "guerra fría", querían una derrota total de los restos de la Unión Soviética.

Lo cierto es que si al final el presidente Trump se sale con la suya, es decir se hace con Groenlandia, la OTAN tendrá que poner en su cuartel general el cartel de "Cierre por defunción".

Lo que no estaría de más es que los gobernantes de los países europeos dejen de autoconvocarse en "cumbres" con el objetivo de sus líderes de salir en los periódicos y que parezca que hacen algo.

Y mire usted por dónde, nuestro ministro de Exteriores, José Manuel Albares, propone la puesta en marcha de un Ejército Europeo y una industria armamentista propia.

Así a "voz de pronto" la reflexión de Albares parece oportuna, pero...¡ay! En realidad abre la puerta a un futuro para que las grandes compañías de la industria armamentista, que ya están haciendo su "agosto" a cuenta de Ucrania, aumenten el negocio. En cada guerra la industria y los industriales de armamento salen muchísimo más ricos.

En cualquier caso la realidad es la que es y, más allá de los errores e intereses de unos y de otros, lo cierto es que Donald Trump ha dado una patada al "tablero" del orden internacional.

No obstante me pregunto si esa "patada" es tal como la percibimos o simplemente es que las apariencias engañan en este caso porque Donald Trump es un pésimo comunicador de hasta sus propias intenciones. Lo suyo no es la "comunicación" y quienes le rodean le tienen tanto miedo que resultan patéticos.

Trump no parece capaz de hilvanar un discurso con lógica, su lenguaje es pobre y escaso, lo que da lugar a pensar que actúa por impulso y que detrás no hay una estrategia bien diseñada. Y ese es el error en que podemos caer: pensar que detrás de cuanto hace no hay una estrategia pensada y diseñada.

Yo creo que, se esté o no de acuerdo con él, todos sus pasos en política exterior son coherentes con los intereses de la élite que le apoya, amén de con sus propios intereses. Nos podemos consolar diciendo que es un "loco" pero, en mi opinión, más allá de las apariencias detrás de cuanto hace, hay una lógica y no es una lógica ni de un tonto ni de un loco y tiene razones sobradas para desconfiar de China.

China es la gran potencia del siglo XXI y que el que su gobierno venga actuando sibilinamente en silencio no la hace ni menos potente ni menos peligrosa. Para empezar, ya ha trastocado toda la economía mundial y, como un pulpo, se ha ido haciendo con lugares estratégicos a lo largo y ancho del mundo, por ejemplo los puertos. De manera que no es de extrañar que a Trump y a los suyos les preocupe China, país tan querido por nuestro ex Presidente Rodríguez Zapatero.

En cuanto a Europa, ciertamente Donald Trump desprecia a los gobernantes y a las sociedades europeas ensimismados como están nuestros gobernantes en su convencimiento de que la defensa de determinados valores nos hacen mejores.

Hace mucho tiempo que Europa no tiene liderazgo alguno y por tanto su voz en el concierto internacional tiene poco recorrido.

Por resumir, sí, es innegable: Trump es un patán pero no es tonto. Mientras tanto, los europeos seguimos contemplando como se hunde el mundo que conocíamos mientras nos tomamos una simbólica última copa de champán. Eso sí, con la razón de nuestra parte.