Martes 24.04.2018

El enemigo está en casa

Les confieso que aún le estoy dando vueltas a lo dicho por Mark Zuckerberg durante su comparecencia en el Capitolio para dar cuenta de la "fuga" de los datos de 87 millones de usuarios de Facebook que fueron utilizados por Cambridge Analytica amen de por el equipo electoral del mismísimo Donald Trump para ganar las elecciones.

Por una parte, Zuckerberg ha asumido la responsabilidad de no haber estado alerta sobre los agujeros de fuga, pero por otra ha echado la culpa a Rusia.

No dudo de que en el siglo XXI las nuevas tecnologías son instrumentos que los países utilizan para espiar y desestabilizar al contrario y desde luego Vladimir Putin no es ningún angelito.

Pero la cuestión de fondo, lo que ha llevado a Zuckerberg ante el Capitolio no es lo que hace o deja de hacer Vladimir Putin, sino que una empresa que no es rusa ni nada tienen que ver con los rusos como es Cambridge Analítica ha utilizado los perfiles de los usuarios de Facebook. Y quién ha hecho contratos con Cambridge Analítica no ha sido Putin, sino el comité de campaña de Trump y las plataformas británicas pro-Bresit.

Pero tengo la impresión de que últimamente lo de "¡cuidado con los rusos!" es un cajón de sastre que sirve para todo. Hay quienes parecen añorar la "guerra fría" entre otras cosas porque era un excelente negocio. La se sabe que las guerras enriquecen a unos cuantos, sean guerras frías o calientes, tanto da.

Julian Assange no es precisamente uno de mis personajes favoritos, pero recordemos que su agencia Wikileaks publicó que la CIA disponía de medios, y los utilizaba, para controlar teléfonos, televisores y demás aparatos digitales. Es decir que les resulta facilísimo espiar a quienes crean conveniente. O sea que hacen lo mismo que Putin pero en inglés.

Pero más allá de esta "guerra" que se traen las grandes potencias, lo preocupante es que los usuarios de los dispositivos digitales, es decir una buena parte de los ciudadanos del mundo, no tienen ninguna garantía de que sus comunicaciones sean fiables y de que sus datos no estén al alcance de cualquiera.

Y eso es responsabilidad de las grandes plataformas digitales. Así que además de echar la culpa a los rusos, que siempre es muy socorrido, lo que ZucKerbeg y sus amigos de Sillicon Valley deberían de hacer de manera urgente es garantizar que utilizar sus plataformas es seguro y que no van a permitir que se comercie con la intimidad de sus usuarios. Ese es el quid de la cuestión y ese es el debate que debería ocupar a los gobiernos con los responsables de las plataformas digitales. Pero me temo que la pesadilla del Gran Hermano ya se está haciendo realidad.

Comentarios