Opinión

El caso Montero

Ya lo dice el refrán: “Dios me libre de mis amigos que de mis enemigos me libro yo.” Un refrán que le viene como anillo al dedo a Irene Montero a la que, desde sus propias filas, la están convirtiendo en poco menos que una apestada, y sí, son los mismos que hasta hace muy poco no eran capaces de llevarla la contraria.

Irene Montero resta, dicen desde Sumar, y es así por la sencilla razón de que su gestión al frente del Ministerio de Igualdad ha sido bastante desastrosa, no solo por la infumable ley del sí es sí o la ley trans, sino porque no se ha rodeado de colaboradoras solventes, y se ha enfrentado con una soberbia inusitada al movimiento feminista, defendiendo leyes que no son feministas. De manera que Irene Montero no es un activo para el movimiento feminista.

Pero, dicho esto, los errores del ministerio de Igualdad no se le pueden achacar en exclusiva a su titular. Esas leyes, tan mal hechas técnicamente amen de impopulares, fueron avaladas por el Consejo de Ministros primero y por una amplísima mayoría de diputados en el Congreso. De manera que todos los que la han venido avalando son tan responsables de los desastres provocados por las leyes presentadas por la ministra de Igualdad, y más que nadie el Presidente de Gobierno Pedro Sánchez. Y por supuesto su hasta ahora compañera de filas Yolanda Díaz, cuya manera de estar en política tiene mucho de impostura.

Díaz, que fue elegida ministra por el dedo de Pablo Iglesias, el mismo dedo que la designo vicepresidenta, el mismo dedo que la señalado como su sucesora. No me extraña que Pablo Iglesias esté dolido con Yolanda Díaz que le debe todo. Por lo menos le debe su buena fortuna política.

Ah, y no olvidemos que cuando el PSOE quiso remediar los fallos de la ley del sí es si, Yolanda Díaz voto en contra.

Hay muchas diferencias entre Yolanda Díaz e Irene Montero, la primera es que la vicepresidenta tiene mucha mili hecha en la política porque proviene del PCE, y por tanto tiene más consistencia política que Montero, pero además es lista y ha sabido componer un personaje hecho de sonrisas y palabras suaves frente a Irene Montero de mirada agria y permanentes gestos airados. Diaz tranquiliza y cae bien mientras Montero provoca las reacciones contrarias.

Ignoro cómo terminara todo este vodevil que tiene como protagonista a la ministra de Igualdad, pero como no me gustan las cacerias, ni siquiera las de personas con las que no comulgo, me parece el colmo que quienes la hicieron ministra, lease Pedro Sánchez, y quienes la han avalado todos los desaguisados que ha hecho, lease el resto del Consejo de Ministros y una amplia mayoría de diputados, hagan ahora como que Irene Montero nada tiene que ver con ellos. Pues sí, tiene mucho que ver, es parte de ellos, y sus errores son también de quienes la han avalado. Dicho esto, es evidente que Irene Montero es una política controvertida, sin la preparación ni solvencia suficiente para haber llegado a un Consejo de Ministros. Claro que no es la única en vista de la composición del gobierno Sánchez; y no, no me refiero solo a Montero o a Ione Belarra.

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