Jueves 21.02.2019

Batalla perdida

No solo hay que tener razón sino saber defenderla. Hago esta reflexión al hilo del fracaso de los taxistas en arrancar siquiera una de sus reivindicaciones a la Administración. Y es que los "dirigentes" de los taxistas, los que les llevaron a la huelga, los que han gritado mucho y explicado poco han tenido que desconvocar la huelga obtener ni la más mínima de las reivindicaciones planteadas.

He manifestado en otros artículos que en mi opinión los taxistas tienen razón al reclamar que las VTC no les hagan una competencia desleal.

No tengo dudas respecto a las que las VTC deben de operar con la exigencia de las mismas condiciones que los taxis, y que estas plataformas no pueden tener privilegios respecto a los taxis.

De manera que durante la huelga hice una cuestión de principios no subirme en un coche de Cabify o de Uber mientras este asunto no se arreglara pero me temo que esta posición que he mantenido ha sido un brindis al sol.

Conozco gente que aún estando de acuerdo con las reivindicaciones de los taxistas al final han sucumbido a subirse en un coche de Cabify o de Uber. Y es que si uno tiene que ir al otro lado de la ciudad, ir al aeropuerto, a la estación, etc, y no están dispuestos a ir en metro o en autobús terminan bajándose la aplicación de las VTC al móvil y solicitando que un coche de alguna de estas plataformas les recoja para ir al destino que desean. Y lo que debería de preocupar a los taxistas es que en estos días estas plataformas se han quedado con sus clientes posiblemente para siempre al igual que ha sucedido en otras ciudades del resto del mundo.

No solo las VTC han sabido "vender" su causa con inteligencia, es que los taxistas han vendido la suya de la peor manera posible. Pero es que además algunos de los nuevos usuarios de las VTC han descubierto que les gusta ir en un coche negro del que se baja un chofer trajeado, les abre la puerta y les da una botellita de agua mineral, les pone la música que les pidan.

Es decir que los taxistas están perdiendo clientes porque muchos de los que antes no utilizaban las VTC se están acostumbrado a hacerlo y además les gusta la experiencia.

La batalla de la imagen la han perdido los taxistas y a lo peor con la batalla tan mal planteada puede que estén ellos mismos condenándose a la irrelevancia como ha sucedido en otros países.

El Gobierno ha actuado de manera tramposa quitándose el problema de encima y las Comunidades y Ayuntamientos no terminan de decidirse por hacer poner en marcha unas reglas de juego donde quepan los dos sectores, el de los taxis y las VTC, pero en igualdad de condiciones. Lo que no es de recibo es que a las VTC no se les exija lo mismo que al sector del taxi.

El problema no es tan complicado de resolver. Solo hace falta voluntad y valentía para hacerlo. Mientras, los taxistas deberían de replantearse su estrategia y desde luego cambiar de dirigentes.

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