Opinión

Economía: balance y perspectivas

La economía mundial se enfrenta a importantes transformaciones transversales que están suponiendo retos de gran magnitud, de las cuales también se pueden derivar oportunidades. Destacan los cambios geopolíticos y su impacto sobre los flujos de comercio e inversión internacionales, en forma de una desaceleración de la globalización y la vuelta a comportamiento proteccionistas. Es el caso de los efectos que produce la fuerte rivalidad que mantienen Estados Unidos y China. Pero surgen al mismo tiempo oportunidades que derivan, por ejemplo, de la búsqueda de las ventajas que conlleva una producción situada más cercana geográficamente a través de la recuperación de producciones básicas en contextos nacionales o regionales en países desarrollados.

Entre las transformaciones que están impactando en la economía global debemos destacar también la lucha contra el cambio climático y el proceso de transición energética, que están siendo fuente de una elevada actividad económica y están atrayendo importantes inversiones. Así como la transformación digital y la rápida generalización de tecnologías como la Inteligencia Artificial, que afecta especialmente a los servicios, sector que representa un porcentaje muy elevado de las economías desarrolladas. Sin olvidar, el envejecimiento de la población y la presión que ejerce sobre los sistemas de seguridad social y de atención médica pública.

La posibilidad de que los conflictos geopolíticos, y en particular el desencadenado en el 3T23 con la crisis Israel-Palestina, con riesgo de extensión a toda la región de Oriente Medio, pueden tensionar más los mercados de la energía, de las materias primas y/o las cadenas de suministro globales como estamos viendo por los ataques de buques comerciales en el Mar Rojo, que está provocando la desviación de los containers de grandes navieras hacia el cabo de Buena Esperanza, en vez de usar el canal de Suez, con repercusiones serias en el coste de fletes.

En este contexto internacional, la economía española aceleró su crecimiento durante el primer trimestre de este año 2023, recuperando finalmente sus niveles de PIB de prepandemia, pero con una importante brecha temporal respecto a la media europea.  En España, junto a la recuperación del turismo, la rápida moderación de los precios de la energía permitió una mejora del consumo y que la economía española creciera a ritmos notables durante la primera mitad de 2023. Sin embargo, una vez agotado el impacto energético, la economía en la segunda mitad de 2023 ha moderado su ritmo de crecimiento afectada, además, por un conjunto de rémoras. Entre estos factores destacamos la inflación impulsada por el aumento de los precios de los alimentos y el repunte del precio del petróleo que ha tenido lugar desde julio de 2023, el impacto de los mayores tipos de interés y la marcada desaceleración del crecimiento en la eurozona. Con todo, la previsión es que la economía, pendiente de confirmación oficial, crezca un 2,4% en el conjunto de 2023, con un perfil que ha ido de más a menos.

Entre los factores que condicionarán el crecimiento económico español en 2024, en primer lugar, destacamos el impacto de la subida de tipos de interés. El BCE empezó a subir tipos en julio de 2022 y, desde entonces, ha subido los tipos en 450 p. b. Nuestra previsión apunta a que se mantendrán los tipos hasta mediados de 2024, punto de inflexión en el que empezarían a bajar los tipos de manera gradual. Respecto al comportamiento del Euribor se espera, en consecuencia, una reducción pausada y limitada en 2024 lo que permitirá reducir la presión que este ejerce sobre la hipotecas a tipo variable, con efectos marginales positivos sobre el mercado inmobiliario.

En segundo lugar, prevemos que la inflación siga lastrando la evolución de la actividad, aunque en menor medida que en los últimos dos años. En positivo, se considera que las dinámicas subyacentes de la inflación se deberían moderar a lo largo de 2024. Esta moderación se producirá gracias al progresivo agotamiento del efecto contagio (el impacto que la fuerte subida de precios de la energía y los alimentos tiene sobre los precios de otros productos de la cesta del IPC) y a la ausencia de efectos de segunda ronda de calado, como es su indexacion en salarios y costes de producción. Las previsiones más fiables sitúan la inflación subyacente en tasas de crecimiento de un 4,5% en 2023 frente a un 3,0% en 2024.

En contraposición, la retirada de las principales rebajas fiscales por la guerra de Ucrania a principios de 2024 podría añadir cerca de 1 p. p. a la inflación de 2024, principalmente a través del componente energético y de los alimentos, en función de cómo se vayan articulando las medidas  recogidas en el RD 8/2023 y su aplicación temporal que vendrá marcada por cuestiones tanto económicas, derivadas de la presión por el cumplimiento de la disciplina fiscal, como por cuestiones políticas, derivadas de los procesos electorales del próximo año. Esta norma recoge un paquete de medidas que, de forma sinóptica, prórroga hasta junio la rebaja del IVA para los alimentos básicos y dejará en los próximos meses el IVA de la electricidad y del gas en el 10%. También se aprueban las rebajas al transporte convencional para prácticamente toda la población hasta finales de 2024 y se mantiene sin cambios sustanciales los impuestos a la banca y a las energéticas durante 2024, en este último caso, con beneficios fiscales derivados de su compromiso con la transición verde.

Por su parte, el RD también confirma la subida de pensiones conforme al IPC del mes de noviembre de 2023 (3,8%). Según investigadores reputados, el mayor gasto en pensiones en 2024 será de unos 11.500 millones de euros con un incremento del 8% respecto a 2023, considerando tanto el sistema general de la Seguridad Social como el Régimen de clases pasivas, y teniendo en cuenta no sólo la actualización anual, sino el mayor número de pensiones derivadas del acceso al sistema de los nacidos en el baby boom y el efecto sustitución generado por la mayor cuantía de las nuevas pensiones devengadas respecto a la que se dan de baja. El déficit creciente de la Seguridad Social hará que las transferencias de la Administración Central a la Seguridad Social para enjugar el déficit  creciente derivado de la precaria relación entre cotizantes y beneficiarios hará que crezcan las necesidades de endeudamiento de las cuentas públicas nacionales con su repercusión sobre las generaciones futuras, sobre nuestros hijos,  que tendrán que hacer frente via impuestos a las cargas derivadas de la deuda pública para financiar este gap.

En su conjunto, se prevé que la inflación general promedio apenas se modere en 2024 respecto al 2023 (en promedio, 3,6% frente a 3,7%), por lo que seguirá realizando una contribución negativa al crecimiento.

La tercera causa del bajo crecimiento económico previsto para la eurozona (previsión de crecimiento para 2024 del 0,7% según CaixaBank Research frente al 1,4% de crecimiento potencial según el FMI) también tendrá un efecto adverso sobre nuestra economía.

Por su parte, la situación del mercado laboral en España muestra signos de fortaleza, al bajar la cifra de parados de los 3 millones e incrementar la remuneración de los asalariados. En todo caso, se vislumbra una resiliencia económica frente a la inflación, sin embargo, la persistente alta tasa de desempleo y el sobreendeudamiento público señalan una necesidad urgente de reformas estructurales. Las medidas tomadas durante la pandemia, como los ERTE, han demostrado ser amortiguadores efectivos contra el desempleo, mientras que el crecimiento del empleo y los salarios sugiere un mercado laboral dinámico. Con una tasa de paro proyectada en 2025 en torno al 11.3%, España casi dobla la media de Europa. Esta elevada cifra de parados está principalmente motivada por el gran peso que tiene en nuestra economía las actividades de escaso valor añadido, la muy débil productividad, el alto absentismo laboral agravado después de la pandemia, la demografía o el alto volumen de pymes, particularmente en nuestra región de Castilla-La Mancha.

En resumen, la productividad, que se ha mantenido estancada, y el alto endeudamiento público y externo se perfilan como los principales escollos. Sin embargo, la relativa solidez del sector exterior, que va a depender del comportamiento de las economías europeas a las que canalizamos más del 60% de nuestras exportaciones,  y el saneamiento del sector privado ofrecen un contrapeso significativo. La clave para un avance sostenible radica en

·      la capacidad de España para impulsar la productividad, integrando inversiones en tecnología y actividades de alto valor añadido que generen mejores salarios y una renta per cápita más robusta.

·      La influencia de los fondos europeos Next Generation, junto con una política de reducción de cargas regulatorias y armonización fiscal con Europa sin endemismos fiscales impropios como los impuestos especiales sobre banca, energéticas o similares ocurrencias fiscales, serán iniciativas esenciales para potenciar la economía y alinearla con los estándares de la eurozona.

La combinación de estas medidas podría posicionar a España no solo para enfrentar sus retos económicos actuales sino también para fortalecer su Estado de bienestar y asegurar un futuro próspero.

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