Opinión

Los bancos

En los últimos meses son  frecuentes las noticias sobre las fusiones de bancos, entidades que aglutinan su capital con la finalidad de tener más resistencia en  el mercado. En algunos casos intentan sobrevivir en un mundo en el que el dinero es lo único que cuenta, ese “dinero, dinero, vil metal”, como cantaba Serrat,  tan denostado pero tan imprescindible en nuestra sociedad capitalista. Por esta circunstancia, nos hemos dado cuenta de la gran cantidad de corporaciones bancarias que había en España, muchas de ellas están relacionadas con un entorno geográfico, como aquellas cajas de ahorro que la gran crisis financiera de 2008 aniquiló. Los que somos legos e ignorantes en la materia siempre pensábamos aquello de “divide y vencerás”, sin embargo  parece que esa consigna no sirve para los temas monetarios, vista la escalada  de fusiones.

En nuestro imaginario cultural tenemos grandes películas de atracos de bancos. Por citar referencias del cine español, hay comedias como  “Atraco a las tres” o  un inquietante trhiller como “Cien años de perdón”. La atracción por la riqueza y  la extrema necesidad  motivan a correr todo tipo de riesgos para conseguir el ansiado botín, por supuesto de una manera  ilícita y delictiva. Nuestra relación con los bancos no llega a ser la de dos enamorados, pero sí es de la total dependencia  de ellos. Es una relación asimétrica, queramos o no queramos  reconocerlo, porque, además de las rutinas de la vida cotidiana como el  cobro de cheques, de recibos, la domiciliación de las nóminas o de las pensiones, los necesitamos para la concesión de una hipotética o cualquier crédito fundamental para nuestro futuro.

Con todo, la noticia más negativa de las fusiones de los grandes y pequeños bancos de nuestro país es el despido masivo de trabajadores. Miles de personas  se quedarán en la calle o se tendrán que acoger a algunas jubilaciones demasiado anticipadas.  Las razones que se dan para esta sangría laboral son las de siempre, utilizando palabras vacías, formadas por el procedimiento de la derivación lingüística: optimización, competitividad, digitalización, duplicidad… Esta circunstancia viene dada, al facilitarnos a los clientes  la realización de todo tipo  de operaciones bancarias  en la comodidad de nuestros domicilios. Los usuarios  de las cuentas corrientes nos hemos convertido en trabajadores administrativos de nuestros propios bancos. Con nuestras destrezas o torpezas digitales  nos han obligado a hacer las mismas tareas que hacía un buen trabajador desde efectuar una transferencia a solicitar un fondo de inversión.

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