La muerte en común

Como ya dijera el poeta Jorge Manrique, la muerte iguala a todos porque no hay distinción entre clases sociales, y el sentimiento de vacío por la pérdida de un ser querido es algo congénito que aflorará cuando fallezcan esas personas que consideramos importantes en nuestras vidas. El escritor Sergio del Molino en “La hora violeta”, después de morir su hijo, fue capaz de plasmar en bella literatura su desolación y tristeza.

La filósofa Ana Carrasco-Conde en el ensayo “La muerte en común” muestra los rituales, los pasos necesarios para la transición de un modo de estar a otro, sin llevar aparejado ni el olvido ni los estados patológicos ante la no superación de la pérdida. Es inevitable pasar un duelo, en realidad pasamos el duelo por todo aquello que supone un trauma, un cambio de rol, como una separación, un despido laboral o el cambio de localidad de residencia. Sin embargo, quien ha perdido a un ser querido recientemente experimenta una alteración en la percepción del tiempo que le lleva a la melancolía.

La autora no pretende hacer un libro de autoayuda sobre el tema de la muerte y sus efectos. Con una adecuada argumentación hace un recorrido sobre cómo la filosofía ha tratado este asunto en relación con la comunidad en la que vivía la persona fallecida. Comprobamos que, a diferencia de las culturas grecolatinas, en nuestra época se evita hablar de la muerte, incluso a causa de los ritmos de trabajo son exiguos e insuficientes los días de permiso por fallecimiento de un familiar.