Opinión

La meritocracia

Se habla mucho de la importancia de la meritocracia como un ascensor social. Es siempre alentador escuchar que cualquiera con sus propios medios y su talento puede llegar al olimpo de los privilegiados, donde se valora siempre tener y poseer formas de riqueza como las propiedades inmobiliarias o suculentas cuentas bancarias.   Sin embargo, no es fácil subir esa escalera en la que está estructurada la sociedad. No se trata de aludir a la lucha de clases del marxismo, pero es evidente, como ya pregonaban los escritores naturalistas del siglo XIX, que estamos vinculados a la herencia y al medio en que vivimos.  En “El Buscón”, una de las mejores novelas picarescas españolas,  Pablos quiere ascender  en una sociedad que le pone todo tipo de obstáculos. Nunca conseguirá su objetivo e incluso, para mayor escarnio, en la escuela es el criado de uno de sus compañeros.

La noticias sobre los comisionistas de  las mascarillas  del Ayuntamiento de Madrid nos dan prueba de la importancia  de una buena red de contactos. Pertenecen a una casta  exclusiva a la que nadie puede llegar por muchos años de esfuerzo y duro trabajo. En una secuencia de la  película “El buen patrón” de Fernando León de Aranoa,  al  empresario, excelente papel  de Javier Bardem,  le recuerda su mujer que todo su emporio fue una herencia paterna. En cierta medida, todos hemos heredado de nuestros padres, pero precisamente ahí empieza la desigualdad si fallan los mecanismos de los servicios públicos.  El informe España 2050, elaborado por el Gobierno textualmente indica que nacer en familias de bajos ingresos condiciona las oportunidades de educación y desarrollo profesional en mayor medida que en otros países europeos.

Michael Sandel, premio Princesa de Asturias Sociales 2018, en su libro “La tiranía del  mérito” presenta una postura pesimista  en una sociedad fuertemente polarizada. “Aquellos que han llegado a la cima creen que su éxito es obra suya, evidencia de su mérito superior, y los que quedan atrás merecen su destino” explica este reconocido filósofo. Pero todo esto se podría evitar si hay una buena red pública en forma de educación, sanidad y vivienda, a pesar de tener que pagar impuestos.

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