Opinión

Jóvenes y mayores

El eterno debate entre jóvenes y mayores está servido cuando nos referimos a contrastar las formas de vida de una generación y otra, como  dos bloques antagónicos.  En “Las claves del siglo XXI”, programa de la televisión pública, el periodista económico Javier Ruiz moderaba un coloquio sobre los jóvenes y sus problemas, que son la imposibilidad de acceso a la vivienda, la elevada tasa de paro y el empleo precario. El punto de inicio de la discusión es la pregunta de si viven peor los hijos que sus padres, pero también  analizaron  si la generación del “baby boom”  tuvo un camino más fácil y allanado en su juventud.

El que fuera ministro socialista Miguel Sebastián presentaba datos y cifras de economista clásico para intentar convencer al auditorio de que ahora se vive  mejor. Se refería a evidencias como la existencia de modernos electrodomésticos en cada casa o que los jóvenes viajan al extranjero habitualmente, algo impensable  décadas atrás.  Por otra parte, como  apostilla siempre es interesante citar su ensayo   “La falsa bonanza”,  libro en el que Sebastián desmonta con argumentos el aparente apogeo económico de principios del siglo XXI en España.  La periodista Ana Iris Simón, por contra, indicaba que los jóvenes viven peor. Esta tesis de su libro “Feria” es muy convincente: “Somos la primera generación que vive peor que sus padres, somos los que se comieron 2008 saliendo o entrando a la universidad o al grado o al instituto y lo del coronavirus cuando empezábamos a plantearnos que igual en unos años prodríamos incluso alquilar un piso para nosotros solos”.

Como siempre ocurre con esta realidad, el debate se queda corto, porque los enfrentamientos y quejas no dejan paso a buscar soluciones, que deberían ser de consenso. Solucionar el problema de la juventud actual debería ser un pacto de estado. Los gobiernos de toda índole  utilizan perífrasis aspectuales ingresivas “vamos a construir vivienda social”, “vamos a combatir la precariedad laboral”; sin embargo lo que hacen es dejar pasar el tiempo.  También en ese programa televisivo apareció la idea de que este país desindustrializado dedica todos sus recursos al turismo como la principal fuente de riqueza y de empleo, por lo que sobran  jóvenes preparados en otros ámbitos.  En definitiva, una de las descorazonadoras  conclusiones del debate es que la mejor herencia de padres a hijos es una propiedad inmobiliaria.

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