miércoles 26/1/22

Elogio de los alquileres

Si paseamos por la calle de cualquier ciudad, comprobamos que han regresado las agencias inmobiliarias con sus carteles  y anuncios de venta de pisos. Han estado desaparecidas estos últimos años, como si hubieran estado hibernando, como si volvieran de un largo viaje. Más o menos son las mismas franquicias que antes copaban el mercado, en las que comerciales trajeados atienden amablemente al público. Han vuelto con la actitud taimada  de que todo volverá a su punto, el de la especulación de la vivienda como motor económico de un país que no sabe vivir de otra cosa.  Por otra parte, la compra-venta de vivienda ha subido considerablemente, por lo que algunos afirman que es un indicador de la salida de la crisis, si bien estas operaciones se han realizado exclusivamente en cinco provincias españolas.

Solamente interesa la venta de inmuebles, ya sea de segunda mano o de nueva construcción, y que la escalada de precios vuelva a sus andadas para alegría de todos los propietarios. Por el contrario, la oferta del  alquiler parece ser una opción tan desilusionante como escasa, sigue sin convencer a los españoles y las autoridades políticas no hacen nada para parecernos a nuestros vecinos europeos, que con más fortaleza en sus economías viven de alquiler. Sería necesario elogiar el alquiler, potenciarlo al grado máximo, para que los jóvenes puedan emanciparse, para que los trabajadores consigan  sin dificultades  la deseada movilidad geográfica.

Al igual que es necesario un gran pacto en educación, es fundamental el consenso entre todas las administraciones para garantizar  ese derecho constitucional hacia la vivienda. Hasta ahora las políticas dirigidas hacia el alquiler han sido insuficientes, sin contentar a los propietarios y a los inquilinos. En su libro  “La falsa bonanza” Miguel Sebastián  dedica un capítulo a la burbuja inmobiliaria,  en la página 104 escribe  “Tenían la sensación, alimentada una y otra vez desde los entornos financieros y mediáticos, de que alquilar era tirar el dinero. Porque, por la misma cantidad mensual, accedías a una vivienda en propiedad…” El que fuera ministro socialista reconoce que no hicieron nada por desinflar esa burbuja, que se veía venir  por la incesante compra de inmuebles.

Me alegra que líderes políticos reconozcan públicamente  que viven de alquiler, como así lo expresa Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, pero al mismo tiempo identifica su situación con la de ser una persona austera, que no tiene propiedades, que no tiene riquezas. Es decir,  subyace la idea de que alquilar es malgastar el dinero. Pero me preocupa más la situación de los miles de trabajadores de hostelería, procedentes de cualquier parte del mundo, que en Ibiza no tienen lugar para alojarse, por los abusos excesivos en el precio del alquiler. No pueden encontrar una vivienda digna, por la codicia de la especulación.

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