domingo 17/10/21

Primero es el discurso de desprecio, luego el del odio, después la discriminación

Queda un año y medio de IX Legislatura en las Cortes de Castilla-La Mancha. El Gobierno regional no se pronuncia respecto a la propuesta del programa electoral de 2015 del Partido Socialista de Castilla-La Mancha, de aprobar una ley autonómica de “no discriminación de las personas LGTB desde el diálogo social”. Por su parte, la presidenta del grupo parlamentario de Podemos, María Díaz García, ha anunciado, el día 9 de enero, que apuestan por una ley LGTBI para nuestra Comunidad Autónoma. Seríamos la décimo segunda región española en aprobar una ley integral y específica contra la LGBTIfobia y por la igualdad social.

El 8 de junio de 2017, Juan Ignacio Zoido, ministro de Interior, presentó el cuarto Informe de incidentes relacionados con los delitos de odio en España. En 2016, la policía nacional registró un total de 230 incidentes de delitos de odio motivados por la orientación o la identidad sexual de la/s víctima/s. 4 denunciados en Castilla-La Mancha. Asimismo, del total nacional, 15 fueron calificados, en el año 2016, como “discursos de odio” en relación a la orientación o identidad sexual.

Desde mi biografía personal, como albaceteño gay, declaro que he sufrido, a causa de mi visibilidad como tal, y también por mi activismo LGBT, que me vengan inmediatamente a la memoria, los siguientes incidentes: amenazas anónimas al teléfono de la asociación ALVAS que fundé en 1996, insultos homófobos contra mi persona en 1998 en el ejercicio de mi labor profesional por parte de otro trabajador, vejaciones homófobas  en 2004 dentro de un ámbito mercantil societario interno, homofobia procesal en 2008 por un abogado de la parte demandada en concurso de acreedores, dos acosos callejeros por parte de grupos de adolescentes (para mí desconocidos) en 2007 cuando fundé la asociación AB-LESGAY, posible mobbing laboral en 2010 con probable causa inicial homófoba, insulto homófobo escrito en mi coche en 2013 por parte de un vecino mío, etc. A todo ello hay que añadir dos etapas previas básicas en la vida: mi propia homofobia interiorizada, en su día, inducida por un periodo temporal más hostil, y mi minoría de edad, al permanecer encerrado en mí mismo, ante mis padres y ante mis compañeros de clase (“dentro del armario”).

A estas alturas de la película, año 2018, todo lo que me pase como consecuencia de la homofobia no va a quedar en mi fuero interno. Esas estadísticas del Ministerio del Interior han de ir empezando a mostrar las dimensiones más reales de todos los acontecimientos que traen su origen último en discursos reiterados de desprecio, odio y discriminación, y que hacen mella en nuestra moral, aunque lo obviemos. No es lo mismo remar a favor de la corriente, que tener que ir sorteando a lo largo de nuestra vida, en nuestro entorno, los prejuicios inducidos, así como los abusos de posición dominante.

Primero es el discurso de desprecio, luego el del odio, después la discriminación
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