lunes 22.07.2019

¡Es la política, amigo!

Hace solo 15 días, Mariano Rajoy, con los Presupuestos aprobados en el Congreso, tenía garantizado culminar la Legislatura. En la otra orilla, la sede del PSOE en Ferraz no paraba de recibir encuestas que lo situaban en cuarta posición, sorpassado por Ciudadanos y Podemos. Hoy, Pedro Sánchez es presidente del Gobierno y Mariano Rajoy ha comunicado que se aparta. ¡Es la política, amigo!, diría alguno. El vértigo de estas dos semanas es una reivindicación de la política y de nuestro ordenamiento constitucional que contempla mecanismos contra la resignación, por mucho que un PP noqueado se haya dedicado a deslegitimar la moción de censura como un atajo, una conjura, una maniobra de usurpación y una operación contra el elegido por las urnas, como si los diputados que han apoyado la moción, diez más que los que facilitaron la investidura de Rajoy, fueran extraterrestres. Parafraseando a Rajoy y su teoría sobre los alcaldes, es el Congreso el que elige el presidente y es el presidente el que quiere que sea el Congreso el presidente.

La historia de nuestra reciente democracia, reinstaurada en 1978, deja patentes dos enseñanzas que las formaciones políticas aún no han asimilado. La primera es que si un partido no es capaz de refundarse, acaba fundido. La segunda, que no hay peor estrategia que el menosprecio del rival. El nombramiento de Adolfo Suárez fue recibido en su día con un "¡Error, tremendo error!" por parte de un diario influyente. González menospreció a Aznar en su ascenso, Rajoy a Zapatero, Rubalcaba no tuvo tiempo de menospreciar a nadie, y Rajoy, lejos de aprender, repitió su desdén hacia Sánchez. Y ahí tenemos la última consecuencia: ocupa La Moncloa una persona a la que quisieron retirar antes de tiempo, fuera y dentro de su partido, y ha tenido que abandonarla otra que no se supo apartar a tiempo.

Con Pedro Sánchez ya acabó el tiempo de los prejuicios y ahora comienza el del juicio sobre su acción de gobierno. De momento, en su composición ha enviado señales múltiples al movimiento feminista, a la militancia, a los votantes socialistas que son o que fueron, a los barones de su partido, a Europa, al independentismo catalán, a sus rivales políticos y hasta a la NASA, con el nombramiento alunizante de Pedro Duque. No sé cómo será como presidente, el tiempo lo juzgará. Pero tras lograr ahora lo que ya intentó hace dos años, tras evitar por dos veces el sorpasso de quien no quiso investirlo, tras recuperar con el voto de los militantes la secretaría general del PSOE frente al mismo aparato que lo descabalgó de malas maneras unos meses antes y tras lograr censurar en 2018 a quien se negó a investir en 2016, yo no lo infravaloraría.

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