Lunes 18.06.2018

Deporte de riesgo

El deporte es bueno, pero hoy ha tenido un mal día. Mientras el exjugador de balonmano Iñaki Urdangarín recogía su orden de ingreso en prisión en el plazo de cinco días, declarado ya delincuente en sentencia firme del Tribunal Supremo, el presidente de la Federación Española de Fútbol confirmaba en Rusia la destitución del seleccionador nacional, Julen Lopetegui, en la víspera del comienzo del Mundial. Y todo en el día en que el recién estrenado ministro de Deportes, Màxim Huerta, era el objeto de una información de El Confidencial sobre irregularidades fiscales pasadas. Las tres circunstancias dejan preguntas en el aire.

El ministro Huerta ha explicado su situación como un asunto resuelto. Sostiene que él no defraudó, que hubo un cambio de criterio en la Agencia Tributaria que comenzó a investigar a profesionales que declaraban su actividad individual bajo el paraguas de una sociedad, regularizó su situación, pagó lo debido y la multa correspondiente, y punto. No cree que deba dimitir por ello. La explicación tiene elementos discutibles, pero, aun dándola por válida, la pregunta es si Pedro Sánchez, habiendo conocido esta situación previamente, le hubiera ofrecido un ministerio.

En el caso de Lopetegui, parece evidente que las cosas se han hecho muy mal por su parte y por parte del Real Madrid. Nada que objetar a que el seleccionador acepte una tentadora oferta de un equipo grande aunque acabase de firmar un compromiso por dos años más con la Selección, pero parece muy inoportuno que el acuerdo se diera a conocer en vísperas del Mundial. La decisión del presidente de la FEF es polémica, sin duda, aunque también habría resultado discutible pasar página como si nada. Sólo cabe esperar que la circunstancia no afecte al juego de la Selección.

Y después está la condena firme de Iñaki Urdangarín, que ha despejado todas las dudas sobre un posible trato de favor que redujese su condena hasta evitarle la cárcel. La justicia es lenta, sí, pero funciona. La Zarzuela ha expresado su absoluto respeto a las decisiones judiciales, sólo faltaría. Pero cabría preguntarse si es suficiente. Porque es verdad que Felipe VI, desde su llegada al trono, se ha ocupado de marcar distancias con su cuñado y su hermana, beneficiaria a título lucrativo de sus fechorías. Los dejó sin ducado, vació su agenda oficial, los borró de la web de La Zarzuela y, reorganizándola, los apartó de la Familia Real. Pero esta crítica situación, inédita en nuestra historia, y el daño causado a la institución monárquica, extendiendo la sombra de la corrupción hasta los umbrales de palacio, requerirían un pronunciamiento más contundente. Porque todo lo que hizo Iñaki Urdangarín pudo hacerlo por ser yerno del rey y cuñado del heredero, mientras era duque de Palma y miembro consorte de la Familia Real. Alguien debería haberlo vigilado mejor. Como no se hizo, algún rey, y tenemos dos, debería pedir disculpas a los ciudadanos.

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