jueves 19/5/22

¿Qué leyes haría Casado?

El Gobierno de Sánchez se ufana de que su actividad legislativa en el último año ha sido intensa y que sus políticas dan frutos. En los últimos dos años Sánchez ha sacado adelante 19 leyes orgánicas, 19 ordinarias y 30 decretos ley, esto último una manera de hurtar el debate al Parlamento y un real abuso de poder que él mismo denunciaba en la oposición. Entre las leyes de este Gobierno hay algunas como la del Ingreso Mínimo Vital que ha sido un fracaso en su aplicación y la de la contrarreforma laboral, todavía en espera del apoyo de sus socios.

Y aquí, otra contradicción, porque el Gobierno se ufana de haber recuperado el nivel de empleo anterior a la pandemia y del número de afiliados a la Seguridad Social, pero oculta que lo ha conseguido gracias a la aplicación de la denostada reforma laboral de Rajoy. Y todo ello sin que ni éste ni los anteriores Gobiernos aprueben la creación de un organismo independiente que valore, en los plazos adecuados, el impacto de las leyes y su aplicación real. Un jurista de prestigio defendía hace tiempo que habría que dedicar, al menos, un año de cada Legislatura a derogar las leyes que están obsoletas, que no sirven o que han conseguido efectos perniciosos. Seguramente la selva legislativa nacional y autonómica se reduciría sustancialmente y la seguridad jurídica saldría ganando.

¿Qué leyes haría Casado si fuera presidente? ¿Qué leyes cambiaría o derogaría? Si el líder del PP quiere de verdad ser una alternativa real y más o menos sólida como dicen las encuestas -menos la del CIS en un ejercicio de descrédito permanente de la sociología y de los profesionales de ese Instituto- tiene que empezar a decir qué idea tiene de España y de Europa -donde pintamos cada vez menos- y proponer un proyecto político capaz de atraer a esa mayoría social española que se identifica con la España constitucional. Un proyecto abierto y ancho, donde quepa el centro, la derecha y muchos de los que hoy están en la extrema derecha más por cabreo y por el descrédito de la clase política que por ideología, pero también tantos socialdemócratas desencantados e, incluso, el progresismo ilustrado. De la política han desaparecido los intelectuales y solo quedan políticos profesionales, cuya única actividad profesional es el partido.

Por eso, si Casado quiere ser una alternativa real tienen que dar también la batalla cultural y elevar el nivel del debate, en el Congreso y en la calle, y contar de verdad con los profesionales, con los trabajadores, especialmente con los autónomos, con los empresarios y los emprendedores, con los jubilados, con las víctimas para hacer un proyecto de país que les incluya y no que les instrumentalice.

Si Casado quiere ser presidente del Gobierno de España tiene que decir la verdad desde la moderación y la firmeza y asumir de verdad el riesgo y la responsabilidad del liderazgo. Pero debe ser el líder de un equipo donde no mande solo el aparato sino donde trabajen juntos Núñez Feijoo y Ana Pastor, Mañueco y Moreno, Almeida y Díaz Ayuso y al que se incorporen voces de la sociedad civil que aporten ideas y conocimiento. Tiene que decir qué haría para rescatar a la sociedad civil catalana que sufre la opresión y la limitación de libertades por parte del nacionalismo y qué negociaría con los independentistas para hacer real la convivencia de la Cataluña plural.

Y otro tanto en relación con el País Vasco y Navarra, donde los herederos de ETA ganan poder, con el apoyo del PSOE. ¿Reformará Casado la ley electoral? ¿Propondrá, ahora o si es presidente, pactos para reforzar la independencia de los órganos constitucionales? ¿Buscará reformas consensuadas de la educación, la justicia y hasta de algunos aspectos de la sanidad, como esa ley de pandemias indispensable y no nata? ¿Reforzará el respeto a la Corona y el papel del Rey y de la institución en una sociedad democrática? Si Casado quiere ser presidente, aunque Pablo Iglesias pronosticó que la derecha no volverá a gobernar, tiene que empezar a responder a estas preguntas, dar imagen de hombre de Estado y hablar de democracia interna y transparencia, de más límites a la corrupción en el Gobierno y en los partidos. En todos, pero empezando por el suyo.

¿Qué leyes haría Casado?
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