Opinión

Terremoto (ya) en enero

A partir del lunes, gran terremoto político, como un prólogo de lo que va a ser el trepidante año 23: ¿Qué sorpresas prepara Pedro Sánchez para subir en las todopoderosas (y no siempre válidas) encuestas? ¿Cuál va a ser la nueva estrategia del PP y de Feijoo? ¿Desaparece ya de hecho Ciudadanos a mediados de mes? ¿Puede esperarse un giro hacia la moderación en Vox? ¿Seguirá la aproximación de Pere Aragonés hacia el Gobierno central? ¿Quién presidirá el Tribunal Constitucional, la progresista apoyada por la derecha o el hombre más odiado por la oposición al socialismo? Y, sobre todo, ¿qué diablos va a ocurrir en el espacio político hoy ocupado por Unidas Podemos, en plena desunión?

Preguntas que hoy, casi en vísperas de los Reyes Magos, resultan difíciles de responder, pero a las que voy a intentar, esquemáticamente, dar alguna luz. Por ejemplo, Sánchez prepara una auténtica ofensiva de simpatía hacia la opinión pública, basada entre otras cosas en su último decreto anticrisis, que, por cierto, será con alguna probabilidad -a ver quién se atreve a pronosticar cosas en este país- tibiamente apoyado por el Partido Popular, entre otras cosas porque resulta difícil decir no a medidas bien acogidas por la ciudadanía y que, algunas de ellas, habían sido propuestas por el propio PP.

Así que el hombre fuerte, ya no tan en la sombra, del partido que preside Feijóo, es decir, el responsable de economía Juan Bravo, persona a la que considero clave en el proceso de moderación del partido, podría anunciar -ya que los populares apoyarán el decreto anticrisis- si el Gobierno amplía sus beneficios fiscales a la carne y el pescado, por ejemplo. ¿Principio de volantazo hacia el fin del no es no a todo? Ahí queda eso. Avizoro menos tensión entre los dos partidos si Sánchez no sigue tirando de la cuerda catalana, como podría ser permitiendo que la idea de una autodeterminación siga barajándose. No lo hará, apuesto.

Vox sabe que estará llamado a participar en un Gobierno moderado del PP si las cifras electorales lo permiten. Así que tendrá que ir seleccionando personajes más asimilables a una situación dulce que aquel a quien colocó, otro ejemplo, como vicepresidente de la Junta de Castilla y León. ¿Será capaz Abascal de renunciar a ciertos gestos crispados que, al final, gustan a su parroquia? Por su parte, Ciudadanos terminará de destrozarse en su congreso a mediados de mes. Y no le demos más vueltas: el PP será el principal beneficiado de la miopía de los dirigentes naranjas. Comienzan los trasvases.

Y, por fin, el gran tema que va a animar el panorama electoral este año: Unidas Podemos. ¿Encabezará Yolanda Díaz, a la que las encuestas dan como muy prestigiada, una candidatura morada, o prevalecerán las maniobras orquestales para que sea otra, Irene Montero, quien lidere el cartel? La vicepresidenta y ministra de Trabajo, que aparecía en primer plano, junto al Rey, saludando efusivamente a Lula da Silva en su toma de posesión como presidente brasileño, sigue su afortunada gira de presencias y aseguran que este mismo enero anunciará su candidatura a la presidencia del Gobierno de España ante las elecciones de diciembre, con o sin los/as podemitas, a los que sigue manejando oficiosamente alguien como Pablo Iglesias. Ella, Yolanda, va a acaparar no pocos titulares y muchas imágenes no solo este mes de enero, sino los otros once del año.

Únase a ello la batalla (por supuesto, política y no jurídica) que se desarrolla en la oscuridad sobre quién ocupará, la semana próxima, la presidencia del Tribunal Constitucional y tendrá usted un boceto de ese terremoto político que, ya digo, se nos echa encima de manera inmediata: tan pronto como el lunes. Así que del resto del año ya ni hablamos.

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