viernes 4/12/20

Un país abierto en canal

Casi ni acierto a imaginar cómo celebraremos los españoles nuestro 42 aniversario de la Constitución, en ese próximo 'puente' que ya se nos anuncia como pleno de restricciones a la movilidad de una ciudadanía atenazada por la crisis sanitaria y angustiada ante las navidades más penosas de sus vidas. Y es que nuestra ley fundamental, la ley de leyes, empieza a ser casi un papel mojado que trata en vano de regular la vida institucional en un país abierto en canal. No había sino que asistir al debate sobre la reforma educativa, que debería hacerse, decimos todos, por consenso y se aprueba, por el contrario, en plena bronca. Pero hay tantos ejemplos de la fractura de las dos Españas, tantas muestras de que estamos al borde de ser un Estado fallido, que creo que ni merece la pena ponerse a detallarlos. Más nos valdría aplicarnos a las posibles soluciones.

Creo que para coser la enorme herida que se abierto, no solo desde hace un año, en la piel de la nación hay que tomar medidas drásticas. Es imposible, aun situándose en una izquierda moderada, colocarse en una posición de apoyo ciego a este Gobierno de Pedro Sánchez/Pablo Iglesias, que todo amenaza con arrasarlo sin ofrecer alternativas claras. Porque se han formado, cada día lo palpamos con mayor nitidez, dos gobiernos, una coalición dentro de la coalición, que el vicepresidente segundo, nuestra pesadilla indudable, con astucia y habilidad política que no se le pueden negar, ha logrado tejer no sé si a espaldas del presidente: la que forman Unidas Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya y EH-Bildu. Un frente anti institucional, que Iglesias cree que, en el fondo, podrá manejar, conduciéndolo a algún redil, y que tiene atónita a una mayoría de ministros, aunque nada griten a la opinión pública.

Esta es la radiografía del cuerpo malherido: perdido el rumbo interior y el prestigio exterior, que esa, la deriva diplomática, es otra. Solo una manera distinta de gobernar, con un Sánchez aliado a otros socios diferentes a los que se llaman 'mayoría de la moción de censura', podría mejorar al enfermo. Este país no puede permitirse escuchar en sede parlamentaria cómo el presidente de la nación equipara al líder de la oposición con el 'trumpismo', que es lo peor de lo peor y, por ello, es la descalificación recomendada al 'jefe' por su asesor áulico para atacar a la 'otra España'. Ni podemos ver con paciencia que este insulto, 'Trump', se le devuelva al propio presidente del Reino de España desde algunos rincones mediáticos afiliados al otro lado. Tirarnos a la cara, a trompadas, la imagen del hombre que está hundiendo el prestigio de la nación más poderosa del mundo, la cuna de la democracia, es lo último que nos faltaba. La mutua descalificación total de una clase política que se tira a Franco a la cabeza y que, dice el CIS sin decirlo, constituye el mayor problema para la mayoría de los españoles.

Para triunfar en la mesa de operaciones hay que cesar a algunas personas, algunas de ellas situadas muy por encima del denostado portavoz sanitario Fernando Simón, a quien, la verdad, uno también se sentiría tentado de cesar, si en su mano estuviese. Una minoría del Gobierno, las personas agazapadas en la Fiscalía General del Estado, quizá algún asesor engalanado en la máxima institución, habrían de ser relevados para empezar a taponar la sangría. Y entonces eso: gobernar de manera muy diferente, desde la concordia y no desde el hostigamiento. Ya sé que esto es difícil cuando quien podría hacer muchas de estas cosas está convencido de que sacará adelante 'sus' Presupuestos (que los sacará) y que, con estos mismos mimbres, intocados, será capaz de agotar la Legislatura, allá por 2023, 0 2024, si se puede.

Me parecería impensable que pueda lograrlo... si no fuese por los errores de la oposición, empeñada en hablar de la desaparecida ETA y no de la reaparecida atonía de un país que, ya digo, está abierto en canal. Pero eso sí: anestesiado.

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