Opinión

No voy, no firmo

Me envían un texto de protesta contra algunas medidas del Gobierno contra las que, en mi ánimo, también protesto. "Va a estar firmado por periodistas muy conocidos", me dicen, y me citan los nombres de algunos promotores, en efecto notorios colegas, y también, añaden, firmarán ex socialistas y ex altos cargos de otro signo, en lo que entendí confusa mezcolanza. No firmé.

Y desoiré algunas llamadas -también secundadas desde algún medio- para asistir este sábado a una manifestación de signo inequívocamente de protesta contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez y con cierto aroma populista. No iré, respondí, añadiendo que todos deben tener perfecto derecho a salir a la calle en protesta, estemos o no de acuerdo con los gritos que se escucharán. Pero, me digo y digo, creo que los periodistas no estamos para eso.

Pienso que es bueno que la sociedad civil, se encuadre en los extremos que se encuadre, salga a la calle, a las páginas de los periódicos, para expresar su opinión, sobre todo cuando considera que la falta de transparencia y el 'maniobrerismo' de los poderes públicos restan a la ciudadanía su capacidad de influir en la gestión de la sociedad. Quizá sea, como alguien me dice, un "antiguo", pero me parece que los periodistas estamos más bien para contar lo que hacen otros que para que otros cuenten lo que hacemos nosotros. Y eso, siempre, esgrimiendo la máxima atribuida, quizá sin razón, a Voltaire, según la cual "yo, que aborrezco las ideas que usted proclama, daría la vida para que pueda seguir expresándolas libremente". ¿No es esa una bella máxima para quien pretende ejercer la sagrada tarea de informar?

Sí, apoyo sin dudas el derecho a manifestarse de gentes cuyos postulados me inquietan y que proponen soluciones para este país que me parecen un total desacierto. Mi respeto por algunos -no todos-- de los grupos que convocan, apoyados por un partido extremo, una manifestación este sábado en Madrid. Como lo tuve, sin tratar de meter en el mismo saco unas cosas y otras, nada que ver, por los independentistas 'radicales' que salieron el viernes a las calles de Barcelona, cometiendo, me parece, un tremendo error. Allá ellos acerca de cómo ejercitan sus derechos y libertades. Mi derecho, mi libertad y mi obligación consisten, creo, en analizar críticamente cómo ejercen su protagonismo, y su gregarismo, otros.

Lo mismo digo acerca de esos escritos que firman gentes dispares por las que siento dispar admiración y sintonía. Me hice periodista para escribir crónicas, artículos, sobre lo que pasa, no para influir en lo que, a mi juicio, debería pasar. Ya digo: no estamos para ir junto a los manifestantes, sino para hacer, desde la orilla, la crónica de las manifestaciones. Ni para firmar proclamas, sino trabajos de investigación y reportajes. El periodista no está, aunque muchas veces lo crea, para liderar movimientos sociales, porque, desde el momento en el que lo pretenda, deja de ser periodista. Y uno, en su modestia, pretende seguir siendo eso; nada más y nada menos que eso: testigo de la actualidad, de la vida de los otros. Desde la butaca del espectador. O la del crítico.

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