sábado 29.02.2020

La estrategia de la tensión

La cabra tira al monte. En febrero de 2008, al término de una entrevista, sin percatarse de que tenía el micrófono abierto, Rodríguez Zapatero, a la sazón presidente del Gobierno, comentando con Iñaki Gabilondo la marcha de las encuestas decía: “Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión”.

Doce años después, Pedro Sánchez está en lo mismo. En la estrategia de la tensión como instrumento para polarizar izquierda-derecha, la vida política española. Fomentar el conflicto para ocultar precariedades y servidumbres políticas propias. Sánchez gobierna en coalición con Podemos, fuerza a la que hasta hace sólo dos meses estigmatizaba, y su Gobierno tiene una hipoteca con ERC, de quien a corto plazo depende la aprobación de los Presupuestos y a medio la continuidad de la legislatura. Sánchez tiene que empezar a pagar la deuda y lo hace anunciando que va a entrevistarse con Quim Torra presidente de la Generalidad inhabilitado por la Junta Electoral Central. Para tapar el giro que le está dando a su promesa electoral de no pactar ni con Podemos ni con los separatistas Sánchez ha embarcado a sus ministros -con la de Educación como mascaron de proa- en una batalla contra el llamado “pin parental” que en Murcia aprobaron el pasado mes de agosto.

El Gobierno de esta comunidad reglamentó el derecho de los padres de alumnos a objetar determinados contenidos pedagógicos adicionales a los establecidos en los programas escolares. Charlas acerca de diferentes materias impartidas por personal ajeno a los centros. Ni el PSOE ni Podemos habían criticado la medida hasta que los representantes de Vox la señalaron como una de sus condiciones para seguir apoyando al Gobierno regional y la cosa saltó al ruedo nacional. Ahí es donde a los guionistas monclovitas de Sánchez se les abrió el cielo. Ya tenían el argumento que necesitaban para agitar y crear tensión: el PP cada vez está más entregado a Vox, a la extrema derecha. “Los hijos no son de los padres”, dijo la ministra Celaá. “Tienen un mes para rectificar, de lo contrario lo llevaremos a los tribunales”, añadió. Por el camino, Victoria Rosell, próxima delegada del Gobierno para la Violencia de Género, hablaba de aplicar el Artículo 155 de la Constitución al Gobierno de Murcia. La magnitud de la barbaridad la llevó a rectificar diciendo que era una “ironía”. Pero la tensión ya está creada y Sánchez tapaba servidumbres tales como el pacto del Partido Socialista con Bildu para aprobar los presupuestos de Navarra o las concesiones a los separatistas catalanes. Lo más chusco de todo es que Pablo Casado (PP) ha picado el anzuelo entrando al trapo de la estrategia de la tensión.

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