Opinión

La estrategia de la crispación

Lo de Irene Montero va camino de convertirse en algo más que un escándalo político. No hay precedentes de un empecinamiento cerril como el de la ministra de Igualdad negando la evidencia del desastre que apareja la ley del “solo sí es sí”, una chapuza legal que abre la puerta a rebajas de penas y excarcelaciones a condenados por delitos sexuales. No solo no reconoce el daño sino que en una suerte de enloquecida carrera hacia adelante arremete contra cuantos le recuerdan estos hechos. Su estrategia es crear crispación.

El miércoles, en el Congreso, acusó al Partido Popular de “promover la cultura de la violación”. Infamia que este partido rechaza de plano y por la que promovió una concentración frente al Parlamento pidiendo la dimisión de la ministra. Cuesta entender la reacción de esta ministra ante el flagrante fracaso de su tristemente famosa ley. Parece la actitud de un conductor kamikaze que, circulando por carril contrario, recrimina a los que van por la dirección correcta.

Aun considerando la servidumbre que supone el pacto fundacional del PSOE con Podemos, es difícil que Pedro Sánchez pueda continuar con semejante rémora política en el Ejecutivo. Máxime cuando tiene otros frentes abiertos como el de la Ley Trans o la de Familias que siguen estancadas ante las reticencias del ala socialista del Gobierno. Sánchez, que en un primer momento, cuando se conocieron las primeras excarcelaciones y rebajas de penas, intentó ganar tiempo trasladando el problema al Tribunal Supremo, ahora, conocido que en la revisión de uno de los casos el Alto Tribunal no sentó doctrina contraria a la que vienen aplicando la mayoría de la Audiencias Provinciales, se ha quedado sin escusa para tomar una decisión.

En términos políticos la situación de la ministra es insostenible y aducir en su defensa por parte de Podemos que está siendo víctima de una “cacería” es un argumento que no se sostiene. No cuesta avizorar qué estaría diciendo la propia Irene Montero o su colega de Gabinete, la ministra Ione Belarra, si ante la riada de rebajas y excarcelaciones de delincuentes sexuales quien estuviera al frente del Ministerio de Igualdad fuera una ministra de otro partido. Montero reacciona con ira y furia dialéctica -con “violencia política”- incapaz de rectificar asumiendo los defectos de la ley. Y reacciona con crispación, embarrando el terreno, porque quienes con ella aprobaron la ley en el Consejo de Ministros la están dejando sola. Crear tensión es su último y desesperado recurso.

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