Opinión

Al borde del precipicio

En política ya hemos visto casi todo. El pasado es prólogo. Lo que está pasando con Ciudadanos, un partido al borde de la descomposición, es un fenómeno que se ha repetido en los últimos años de la vida política española. Sucedió con el CDS, la lancha con la que Adolfo Suárez intentó salvarse tras el naufragio de la UCD y con otros desencadenantes sucedió, también, con UPyD, el partido que lideró Rosa Díez hasta su desvanecimiento parlamentario víctima de los errores de estrategia cometidos por su cúpula directiva.

El ideario centrista oscilante -algo de la izquierda, algo de la derecha-, acaba siendo confusión. Tras la renuncia de Albert Rivera visto el batacazo que se había pegado Ciudadanos en las últimas elecciones -pasó de tener 57 diputados a 10- el partido quedó tocado y en ése estado de perplejidad vive a la hora de percibir la realidad.

La dirección actual en manos de Inés Arrimadas impulsa una estrategia de supervivencia que resulta contradictoria y crea desconcierto entre su menguada parroquia. Negocian los Presupuestos con Pedro Sánchez a sabiendas de que el inquilino de La Moncloa con quien tiene cerrado el trato es con Esquerra Republicana de Cataluña, némesis histórica de Ciudadanos.

Son partidos excluyentes y en la explicación de por qué Ciudadanos era un baluarte contra los separatistas de ERC obtuvo el partido naranja un gran éxito electoral en Cataluña y después en el resto de España. Era una línea roja con Rivera que parece que se va difuminando con Arrimadas.

Sánchez no les necesita porque cuenta con apoyos suficientes para sacar adelante los Presupuestos pero les utiliza para por decirlo así "blanquear" su imagen ante Bruselas. Allí recelan de los gobiernos populistas y el de Sánchez lo es desde el momento en el que lleva como compañero de viaje al Podemos de Pablo Iglesias. Arrimadas justifica la aproximación a Sánchez diciendo que gracias a su gestión el Gobierno se compromete a no subir los impuestos al diésel. Es un trampantojo. Será difícil que los futuros votantes de Cs -los que queden- se acuerden de semejante coartada. Lo que seguramente seguirán sin entender es por qué quien hizo bandera del combate a los separatistas ahora se sube a un tren en el que viajan todos: desde los de ERC a los Bildu.

El futuro de nuestras obras no está del todo escrito; es el resultado de una mezcla entre el azar y la voluntad, pero en el caso de Ciudadanos hay un temblor de vísperas que señala hacia el precipicio. Claro que Arrimadas todavía está a tiempo de rectificar. Si lo hiciera es probable que encontrara sitio en los ambientes del Partido Popular. A diferencia de Sánchez, Casado parece de fiar.

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