viernes 18.10.2019

La medicina de Torra

El aniversario del referéndum ilegal del 1-O no fue de la Generalitat, ni lo pudo capitalizar electoralmente Torra, ni pudo servirle de coartada al huido Puigdemont. Fue de la izquierda independentista más radical y violenta, que se tomó al pie de la letra la consigna del president de que “aprieten” y así lo harán a partir de ahora en lo que todos vaticinan como un otoño caliente.

A Quim Torra ya le exigen "o república o dimisión del Gobierno catalán y convocatoria de elecciones" y como esa es una entelequia imposible se lo van a poner muy difícil y lo sabe. Llevan años alimentando a un monstruo que ha crecido tanto que se les ha ido de las manos y ya no pueden controlar a base de milongas y consignas. Quieren que pase de las palabras a los hechos y además ya no tienen un Rajoy enfrente al que tachar de “fascista” y culparle de todos los males. Del referéndum ha pasado un año, hay otro inquilino en la Moncloa, pero no ha pasado nada. El aniversario empezó con el corte de carreteras y trenes por los encapuchados, siguió con manifestaciones donde se pedía la dimisión del consejero de Interior, Miquel Buch, y del president, y acabó con los más exaltados rodeando al Parlamento con agresiones a los Mossos, insultos a los parlamentarios que salieron escoltados y con actos al más puro estilo de la kale borroca, al grito enloquecido de: “Sin violencia, no hay independencia”, lanzado por los ultras. Entre medias se impidió que los periodistas de medios nacionales -"prensa española manipuladora"- realizaraan su trabajo porque, al fin y al cabo, para ellos la libertad  de expresión, que tanto reivindican, no es un derecho si la ejercen otros.

Este día de vergüenza ha sido, una vez más, la prueba del algodón de la calidad democrática de muchas personas y hemos comprobado cómo algunos, detrás de ese nombre, ocultaban un tic totalitario, un apestoso tufo de dictadores de medio pelo. Los mismos que en su día -ahora hace un año- dieron un golpe institucional en toda regla, ahora han lanzado a los más violentos para que “empujen” y tomen la calle. Por eso en la mitad de Cataluña y en el resto de España hay un sentimiento de hartazgo evidente y muchos empezamos a estar hartos de silencios cómplices o verdades a medias. En el famoso pleno donde se convocó el referéndum vimos intervenciones memorables que, aunque no pudieron alterar el rodillo mayoritario, nos dejaron un soplo de esperanza. De todas ellas yo entonces me quedé, y así lo escribí, con la de Joan Coscubiela porque rompió el guión que se esperaba. El antiguo diputado de Iniciativa per Catalunya habló de bucaneros y denunció con claridad que se estaba vulnerando el Estatut y la Constitución, los derechos de los diputados de la oposición, ignorando las opiniones de los letrados, eludiendo un dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias. Coscubiela se refirió a su tradición familiar de luchadores antifranquistas y, en coherencia con su historia, no pasó por alto este ataque a la libertad y la democracia. “Estoy dispuesto a partirme la cara para que ustedes voten sobre la independencia de Cataluña, pero no si pisan los derechos de los diputados!", proclamó. "¡Han perdido el sentido!", le dijo al entonces president de la Generalitat, Carles Puigdemont, que miraba hacia bajo para no dar la cara frente a uno que él podría pensar que era de los suyos. Su intervención fue un rotundo “venceréis pero no convenceréis” y levantó el aplauso de sus más firmes adversarios como una especie de comunión entre demócratas.

Esa comunión un año después desgraciadamente se ha volatilizado: PSOE, PP, Cs, los partidos que fueron todos a una para desarrollar el artículo 155, ahora se tiran los trastos a la cabeza a cuenta del mismo y así no hay manera. Lo único positivo del lamentable espectáculo del primer aniversario del 1-O, de esas imágenes de encapuchados intentando asaltar el Parlament catalán, es que la prensa internacional -que en su día puso el foco sobre la violencia solo de una parte y habló de represión brutal de la Policía- ayer reconocía y destacaba la otra cara de la moneda. "Estos enfrentamientos fueron la continuación de los del sábado entre policías y manifestantes dejando dos docenas de heridos y detenidos", relataba The New York Times, que ilustraba su noticia con una imagen del encadenamiento de miembros de los CDR a la Bolsa de Barcelona.

Sea como fuere, lo que está claro es que a Quim Torra le han dado a probar su propia medicina y, de tanto pedir que aprieten, los radicales más violentos pueden terminar por aplastarlo. Ellos prefieren calentar la calle a la política y no dudarán ni un segundo en llevárselo por delante por muchos guiños que les haga. En el pecado.... la penitencia.

Más información en vídeos 
Comentarios