domingo 20.10.2019

Descuartizar al mensajero

“El periodista Jamal Khashoggi entró en el consulado de Arabia Saudí en Estambul el pasado 2 de octubre para recoger unos papeles y nadie volvió a verle vivo. Una cámara registró su entrada en la delegación diplomática y, según apuntan los medios turcos, existe también un documento de audio que revelaría con toda crudeza que fue torturado y asesinado. Según el rotativo turco Yeni Safak de línea oficialista, a Khashoggi “le cortaron los dedos de la mano” mientras aún estaba vivo y finalmente fue “degollado”.

Así han dado la noticia de la tortura y asesinato del periodista la,mayoría de los medios de comunicación y a medida que sabemos más datos de cómo fueron su últimos momentos de vida, mayor es la indignación y mayores son las dudas sobre como es posible que esto haya sucedido en un consulado, aquí al lado, de manera impune y brutal . Está totalmente confirmado que el mismo día de la desaparición del periodista, muy crítico con la monarquía saudí, habían volado a Estambul un grupo de agentes de los servicios secretos y el ejército entre los cuales podrían estar los verdugos que descuartizaron a Jamal sin piedad, incluso escuchando música de fondo.

Que se produzcan crímenes destinados a acallar la voz de la prensa son algo común en los países donde el narcotráfico, los paramilitares o los estados corruptos se han hecho fuertes. Pero que estos ataques se produzcan en el seno de la Unión Europea, y cada vez con más frecuencia , debería hacer saltar las alarmas. Cuando preguntas a los políticos invariablemente suelen decir que el derecho de un periodista a investigar, hacer preguntas incómodas e informar de manera efectiva está en el corazón de los valores democráticos y debe garantizarse siempre, pero la realidad es que no nos miran como mensajeros sino como pájaros de mal agüero que siempre incomodan y matarnos- sea civil o físicamente- es la forma radical y efectiva de callarnos.

Desde hace años México, Irak y Siria encabezan de manera destacada la lista de los países más peligrosos para los periodistas, pero nuestra profesión ya es de alto riesgo en todos los lugares del mundo. Matar al mensajero es algo tan antiguo como la misma humanidad y en los nuevos tiempos para matarnos simplemente inundan la redes sociales con comentarios injuriosos, nos acusan de ser unos vendidos cómplices o dóciles con el poder y así de manera fácil ya han puesto nuestra credibilidad y por lo tanto nuestro único patrimonio en entredicho, colocándonos una diana en la frente.

“Una bomba lapa situada en su coche acabó ahora hace un año con la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, de 53 años" - escribía en su día Rosario Gómez -. Estaba trabajando en una investigación sobre los papeles de Malta, una derivación de los llamados papeles de Panamá que revelaron en mayo cómo la pequeña isla mediterránea se había convertido en un paraíso fiscal dentro de la propia UE. Sus indagaciones salpicaron a la esposa del primer ministro y a varios miembros del Ejecutivo, abocaron a un adelanto electoral y pese a las revelaciones, el laborista Joseph Muscat volvió a ganar en junio.

Caruana Galizia, estaba en el punto de mira. Pocos días antes de ser asesinada presentó una denuncia en la que aseguraba haber recibido amenazas de muerte. Tras el asesinato su hijo culpó al Gobierno de Muscat de permitir el crimen, la corrupción y una cultura de impunidad. “Mi madre ha sido asesinada porque se interponía entre el Estado de Derecho y quienes quieren violarlo, como muchos otros fuertes periodistas”, denunció Matthew Caruana Galizia.

En el otro extremo de la UE, en la costa sur de Copenhague, la policía encontró a finales de agosto de 2017 parte del cuerpo de la periodista sueca Kim Wall, de 30 años, que según todos los indicios fue asesinada cuando se encontraba a bordo de un submarino para realizar un reportaje. Su cadáver, mutilado salvajemente, fue hallado en el mar Báltico.

Sigmund Freud, como he recordado en alguna ocasión, consideraba el hecho de matar al mensajero como una forma marginal de defensa para enfrentar lo insoportable, citando por ejemplo el famoso lamento de los musulmanes españoles "Ay de mi Alhama " que relataba como el rey Boabdil recibe la noticia de la caída de Alhama. El rey siente que su pérdida significa el fin de su mandato, pero intenta que eso no se convierta en realidad tirando las cartas al fuego donde se anunciaba la derrota y matando al mensajero. Freud agrega que otro factor determinante fue la necesidad del Rey de combatir su sentimiento de inutilidad. Al quemar las cartas y matar al mensajero todavía estaba intentando demostrar su poder absoluto. Ahora en nuestra sociedad matar periodista física o socialmente es una forma de amedrentamiento un aviso letal para todos, porque al fin y al cabo somos sólo intermediarios, nos debemos a los ciudadanos y es a ellos a quienes rendimos cuentas y eso los poderosos no lo soportan.

La insoportable brutalidad del asesinato de Jamal Khashoggi -obviando los detalles mas crueles que ya estamos conociendo- estuvo cargada de simbolismo. No es casual que le cortaran los dedos con los que escribía y tampoco lo es que luego le degollaran para callar para siempre su voz crítica. Querían matarle torturándole de todas las maneras pero también querían mandar un mensaje de amedrentamiento y amenaza a nuestra profesión. Descansa en Paz, compañero.

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