Viernes 22.03.2019

Tengo la cabeza llena de jueces… y de Villarejo

Durante el paréntesis que abrí tras la primera entrega de este discurso no he dejado de buscar la respuesta a la gran contradicción que ha convertido en sospechoso el comportamiento, juezas y jueces, de vuestros más altos tribunales, y que está pringando de esa misma desconfianza toda la estructura del tercer poder del Estado.

Resulta que estáis persiguiendo una corrupción de escándalo, sobre todo en el PP y, al mismo tiempo, estáis haciendo lo que os piden los líderes de ese y otros partidos. A pesar de que se presentan a las elecciones para hacer política, incumplen su compromiso principal porque no les da la gana negociar y llegar a acuerdos para resolver los problemas políticos. Bien al contrario, os los trasladan en forma de demandas y querellas para que los arregléis vosotros.

Y vosotros os prestáis sin rechistar, en vez de archivar sus pretensiones y recordarles sus obligaciones. Con vuestra respuesta, tan entreguista, estáis degradando y corrompiendo la Justicia.

Lo hacéis cada vez que admitís a trámite muchas de las demandas de los que se escandalizan con el ejercicio, incluso humorístico, de libertades básicas como la de expresión. Muchas de esas denuncias se quedan en nada, pero al admitirlas se provoca un efecto miedo que irresponsablemente ayudáis a propagar. Y, si terminan en condena, sabéis que las posibilidades de que sean anuladas por Europa son muy altas, lo cual no anula el lastre de susto con el que infectáis toda la sociedad. Además, al aceptar las querellas de un determinado grupo no os queda más remedio que repetir comportamiento con las del grupo contrario. ¿Con que argumentos vais a rechazar ahora actuar contra el chiste macabro sobre Pedro Sánchez? Buena oportunidad perdida por el PSOE para querellarse contra el PP por no proteger al niño de la carta a los reyes. Y por nada más que eso.

Y también lo hicisteis, por ejemplo, cuando no le montasteis una crisis institucional de las de órdago a un gobierno que alejaba la tutela judicial, a la que toda persona tiene derecho, al conceder a la policía unas facultades sancionadoras ejecutivas con aquella Ley Mordaza que ni siquiera un cambio de gobierno ha conseguido revertir.

Una pregunta, juezas y jueces, ¿cuántas sanciones diarias hacen falta en España para que ustedes propongan un cambio de denominación legal y los flamantes “Cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado” pasen a llamarse “Fuerzas represivas”? ¿Os parecen bien 50? Pues vamos por 52. Os lo digo porque esa ley es la más parecida a una que aprobó el franquismo en 1971, con la que ponían multas desorbitadas a quienes no eran “apolíticamente correctos”. Sanciones que, si no pagabas, te encerraban de uno a tres meses en la cárcel.

Aquello lo hicieron porque algunos jueces ya no conciliaban tanto con el franquismo. Ahora, insinúan el valor de la Ley Mordaza para no cargar de trabajo a los juzgados, pero, los muy ladinos, la han inventado también porque ahora el dinero de las multas lo embargan de la cuenta corriente y muchas de esas 52 víctimas diarias no tienen dinero para contratar abogados. Si, 52 multas diarias son una pasta.

Y también os digo lo de llamar a las cosas por su nombre porque durante la mayoría absoluta de Rajoy os arrastrasteis como lombrices cuando aceptasteis la sustitución del “imputado” de toda la vida, palabra específica y evidente, por el “investigado” que confunde mezclando como la que más, metiendo en el mismo saco verbal a justos y esforzados que investigan contra el cáncer, por ejemplo, con políticos delincuentes de los que blindáis con vuestras decisiones. ¿Cómo el posible que la RAE no haya premiado al gobierno de Rajoy por su innovación lingüística? Y también a vosotros, como colaboradores necesarios.

Y cambiasteis la historia de España a fatal para siempre en el segundo quinquenio de este siglo. Fue mucho antes de que Lesmes le regalara ese mérito, por escrito, al juez del 13 de Barcelona dos días antes de morir. Destruisteis el futuro cuando decidisteis sentenciar sobre un Estatuto de Autonomía que había realizado todo su recorrido legal y democrático de manera impecable.

Pero un PP derrotado en las urnas por su propia y cruel mentira sobre casi doscientos muertos decidió agitar en el resto de España el odio hacia los catalanes para, movilizando los peores instintos de sus votantes, intentar convertirlos en votos. Y vosotros, como si fuerais marcianos, cerrando los ojos a tanta evidencia para implicaros en un conflicto político sobre los matices del encaje de Catalunya en España.

Mucho después, con todo el mal ya hecho, recuerdo a Esperanza Aguirre con esa verborrea que se adueña de muchas de las personas que ven como se acerca su final. Fue cuando dijo aquello de que “quizás nos equivocamos impugnando el Estatut”.

Y yo me pregunto, ¿qué habría ocurrido si hubierais archivado aquella demanda del PP? Porque, a fin de cuentas, el PP es una “organización criminal”, de la que se puede pensar perfectamente que asume la molestia de gobernar para que algunos de sus miembros puedan enriquecerse. No sería la primera vez. Pero vosotros, jueces, vivís a sueldo y vais a cobrar lo mismo. ¿Qué más podéis pretender que os quede, tras dictar vuestras sentencias, que no sea una decencia medianamente presentable?

¿Y cómo es posible que entre los doce que componéis el TC nadie viera venir lo que iba a significar la destrucción de una solución que conseguía mantener tranquilo al independentismo catalán durante otro montón de años, porque habían llegado a un acuerdo con Zapatero?

Ustedes, que tanto hablan del valor de la Constitución del 78, ¿no se dieron cuenta de que el Estatut compartía la máxima virtud de ese texto, que era la de actualizar una ley con el máximo consenso posible?

¿Es que acaso a ustedes doce ningún profesor les había enseñado nunca lo de que los catalanes son un poco peculiares?

¿O acaso albergaban la inconfesable esperanza de que, junto con los cientos de miles de crímenes provocados desde el golpe de estado del 18 de julio de 1936, se hubiera asesinado también, casi, el catalanismo existente, y con lo de sentenciar contra el nuevo Estatut en 2010 se conseguiría darle el tiro de gracia?

Ya que esto también va de denominaciones, ¿cómo prefieren que les llamemos, ignorantes de libro o franquistas malditos?

Por segunda vez debo abrir un paréntesis. Es necesario más tiempo para averiguar porque los jueces hacéis estas cosas, y muchas más tan desquiciantes. Y proponeros soluciones, por muy difíciles que parezcan. De momento, celebraremos que el Tribunal Supremo no ha tenido más remedio que admitir a trámite el recurso de nulidad por cuestiones de forma sustanciales presentado por el Ayuntamientos de Rivas Vaciamadrid contra la sentencia del monumental fiasco de las hipotecas.

Continuará…

Villarejo es una bendición, un testigo excepcional de la historia de España sin el cual llegaríamos al futuro medio sordos. Con la puntualidad de un reloj ha regresado a nuestras vidas en cuanto los Reyes de Oriente han dejado de cegar nuestras miradas con su magia navideña. Nuevamente, todo son preguntas, como con los jueces.

¿Os imagináis que se hubiera llevado a la tumba sus terabytes de grabaciones?

¿Cuántas y qué personas sabían en el BBVA que Villarejo estaba siendo contratado para espiar los movimientos de capital en la entidad y atosigar a posibles nuevos socios que podrían traer dinero fresco y bueno?

¿Porqué Francisco González era el único grande que no acudía a las convocatorias de super vips que organizaba el gobierno de Zapatero?

¿Cuántos de vuestros teléfonos móviles, jueces a quienes os puede tocar Villarejo, figuran en los terabytes de Villarejo?

¿A qué medios de comunicación se refería José María Irujo, especialista de El País en Villarejo, cuando de “motu proprio” le dijo a Ángels Barceló, en La SER, que habían rechazado las grabaciones que les ofreció Villarejo, y que ahora canaliza a través de Moncloa.com y El Confidencial?

Pensando en Villarejo, sabemos que existen los chantajistas y los chantajeados. De los primeros, el valor de su amenaza depende de la verdad que contenga. La de Villarejo es de gran calidad, pues ninguna de las voces grabadas se ha atrevido a negarse a sí misma. Y en pelota picada, que es como Villarejo nos las está mostrando todas.

Esto también continuará… con los chantajeados.

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