viernes 7/8/20

La esperanza y el trabajo social

Por Francisco Alhambra - Trabajador Social

Aún recuerdo el momento en que decidí estudiar Trabajo Social… 

Pensé en mis posibilidades y aptitudes, pero sobre todo en una opción de vida…

El pasado Sábado Santo me hicieron reflexionar las palabras del Papa Francisco, que nos hablaba de un derecho de máxima importancia del que pienso que nuestra disciplina debería hacer bandera, “el derecho a la Esperanza”. 

La esperanza, el amor y la sensibilidad social son el motor de mis años de estudio y mis años de intervención en la entidad en la que me encuentro desarrollando mi profesión.

Este tiempo actual, marcado por la pandemia que ha generado crisis de todo tipo (sanitaria, social, económica…), nos devuelve a la profunda volatilidad de los proyectos y las programaciones; y nos sumerge inevitablemente en las atenciones marcadas por la urgencia de lo básico…

Y cuando ya se han vivido otras crisis, como la de 2008 y sus efectos, me preocupa enormemente que en la gestión de lo urgente se dejen a un lado los procesos integrales de vida de las personas… Nunca es tarde para iniciar un nuevo camino, y el trabajo social debe ser ese apoyo y detonante de la catarsis personal que produzca el cambio positivo en la persona.

Siempre he defendido que el trabajo social debe ser independiente de las corrientes políticas… 

Cuando se llevan muchos años arando en la besana social (recuerdo la canción de “El sembrador” de esa zarzuela, tan manchega y nuestra, “La Rosa del Azafrán”) se conoce bien a los elementos que intentan aprovecharse de nuestra siembra y contacto con la realidad para fines electoralistas que luego posponen en cuanto adquieren el poder. Creo que nuestra siembra tiene que ser sincera y libre con la tierra que cobija nuestro grano de trigo. Nuestra cosecha (como trabajadores sociales) es el logro es hacer crecer a las personas hacia su propia autonomía.., un logro callado y humilde, pues es la propia persona la que activa sus posibilidades, no el profesional o las administraciones implicadas.

Por ello yo soy uno de esos trabajadores sociales que defienden que nuestra profesión debe ser libre y que no se debe condicionar a influencias ideológicas que amordazan o amplifican nuestra voz según la orilla en la que te encuentres. Hoy todo se va contaminando, de manera mal intencionada e incluso absurda, etiquetando y estereotipando a quien no se conforma con una determinada ventana ideológica para ver.  La libertad de expresión se parcializa por doctrinas predominantes, que imponen propósitos hechos a medida de intereses sesgados que se ocultan en nombre de una falsa diversidad, porque se exilia a quienes tienen una visión del mundo con un perfil diferente… Y repito,  nuestro objetivo son las personas, su desarrollo, y ser la denuncia social independiente con la que poder proponer políticas reales y activas que las beneficien en su situación de dificultad o que produzcan cambios y mejorías en la legislación en beneficio de la sociedad en general.

El verdadero trabajo social investiga en las realidades sociales porque se encuentra inmerso en la propia realidad viviendo lo que vive la población, analizando las debilidades y fortalezas, escuchando y acompañando porque llora, ríe y ama con la persona…, es capaz de plantear un espejo que produzca resiliencia en las capacidades… El verdadero trabajo social aplica métodos y técnicas, y ante las certezas y expectativas que se desmoronan ofrece a la persona esperanza y liberación desde lo profundo, porque el amor nos mueve y creemos que ese mismo amor nos hermana a toda la humanidad…, de ahí que el trabajo social sea una disciplina con un campo de acción infinito…

Estos son los valores por los que decidí estudiar trabajo social. Lo sé, es una forma de vida que implica coherencia y responsabilidad. Porque creo que el trozo de cielo que veo desde mi ventana es la gota de un mar que formamos todos los que vivimos esta profesión y la sociedad en general. Porque creo que todos podemos mejorar este mundo en el que vivimos.

Aún recuerdo el momento en que decidí estudiar Trabajo Social…, y estoy convencido que la esperanza y los valores de esta disciplina son los que podrán aliviar y recomponer la situación histórica que actualmente nos sobrepasa.

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