lunes 16.12.2019

Cuando el Trabajo Social te elige

Por Ana Gil Hernández

Nuestra historia vital nos va guiando, en ocasiones sin darnos cuenta y, aunque pensemos que somos nosotras las que elegimos, en ocasiones no es así. 

Ser trabajadora social es mucho más que una profesión, es una forma de vida, un  conjunto de aptitudes que en tu día a día pones a prueba, es replantearte continuamente si tu última intervención ha sido la correcta o no, y no solo a nivel profesional, también en tu vida personal.

Yo soy trabajadora social por convicción. Soy de esas que estudiaron nuestra profesión sin ni siquiera plantearme otra opción. 

Y, como decía al principio, todo en nuestra vida tiene un porqué. En mi caso, mi tía Chari es la “culpable” Con ella me separan solo 14 años y un cromosoma de más. 

Sin saberlo, cuando íbamos juntas al parque y algunos/as niños/as se reían a nuestras espaldas, yo ya estaba haciendo trabajo social. Intentaba visibilizar la discapacidad y normalizarla, sin entender siquiera que esto formaría parte de mi futuro profesional. Cuando intentaba que hiciese los cuadernillos “Rubio” conmigo, estaba trabajando con ella para que superara sus propios límites. 

Todo esto formó parte de mi infancia, y forjó en mí unos valores, unos principios que años más tarde hicieron de mí una profesional del trabajo social.

El Síndrome de Down, trajo a mi familia muchas cosas: dudas, incertidumbre, preocupaciones por el futuro, pero también trajo lecciones de vida, aprendizaje y ganas por mejorar nuestro círculo más cercano, por y para ella. E hizo que yo, años más tarde me diplomara en Trabajo Social. 

Por eso, compañera/o, cuando dudes de ti, de tus capacidades para enfrentarte a cualquier caso complicado, cuando dejes de creer que todo se puede cambiar con trabajo, piensa en los orígenes de todo, en el motivo por el que te hiciste Trabajador/a Social, y reconecta con ese pasado que te lleva a seguir trabajando por y para las personas. 

Y tú, ¿recuerdas lo que te trajo hasta aquí? 

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