miércoles 15.07.2020

España ante su relevo generacional

Si eres de los que entre sus recuerdos de infancia está la imagen  en blanco y negro de un señor mayor, a la sazón Presidente del Gobierno, llorando mientras comunicaba aquello de “Españoles, Franco ha muerto”.

Si eres de los que entre sus recuerdos de infancia está la imagen  en blanco y negro de un señor mayor, a la sazón Presidente del Gobierno, llorando mientras comunicaba aquello de “Españoles, Franco ha muerto”.

Si eres de los que recuerdan esos días porque se suspendieron las clases en el colegio, y la televisión no dejaba de mostrar las inmensa hilera de personas que desfilaban delante de su féretro: unas con el ánimo de vitorearle y despedirle, otras silentes, para comprobar que realmente estaba muerto.  

Si eres de los que entre sus recuerdos de esta época surge el de unos padres pendientes de la radio, escuchando “el parte”, donde en esos días siempre se emitía un “nuevo comunicado del equipo médico habitual sobre la salud de su excelencia”, y escuchabas hablar de “tromboflebitis” (que inmediatamente relacionabas con un sugestivo juego de peonza).

Si eres de los que recuerda llegar corriendo del colegio por la tarde, tirar la cartera en el pasillo, meterse en la cocina para enfundar una onza de chocolate en una viena, y salir pitando a la calle en busca de tus amigos con los que jugar “al güá”, “las chapas”, “al truque”, “al escondite”,….; o bien, aprovechabas el ratito de la merienda, sentado al brasero, para ver la programación infantil con “Los Payasos de la Tele”, “Vikie el vikingo”,…

Si tienes estos recuerdos, estás llamado a la acción. Como heredero que eres del trabajo de toda una generación (la de nuestros mayores), tienes la obligación no solo de cuidarlo sino también de acrecentarlo: y el momento ha llegado.

La herencia a la que me refiero es todo lo conseguido por la generación de la transición, cuya labor ya ha concluido. A su cobijo nos hemos criado. Ha sido la causante del cambio más importante sufrido por nuestro país en los últimos siglos. Un grandísimo logro, impensable apenas unas décadas antes pero imprescindible ahora (unas décadas después). Logro del que nosotros, quienes tenemos esos recuerdos de la infancia, somos sus  herederos naturales. Por ellos, por su esfuerzo y trabajo, por habernos concedido la época más duradera de convivencia pacífica y fructífera, estamos obligados a perseverar en su legado.

Sí, ha llegado tu momento, nuestro momento, el momento de la consolidación democrática, de perseverar en el trabajo realizado durante todos estos años. Por eso ha llegado el tiempo del relevo generacional, el de la generación de la consolidación cuya hoja de ruta o sueño por el que luchar es el de profundizar en el marco de derechos y libertades que es nuestra Constitución, para mejorar el Estado Social y Derecho que hemos heredado.

Sí, es el momento, al fin llegó, es la hora de la generación de la consolidación democrática:

De afianzar la herencia recibida trabajando por regenerar la política española actual sacándola de la perversión en la que se encuentra: el político no debe estar para hacer carrera (y menos capital), sino para servir a los ciudadanos.

De reivindicar un Estado democrático y plural, donde caben todas las posibles ideas, ideologías, credos, lenguas, costumbres y posiciones: todas salvo las que vayan en contra de los principios constitucionales de libertad, igualdad y paz.

De cerrar un modelo de Estado que debe ser eficaz: descentralizado para resolver los auténticos problemas diarios de los ciudadanos, pero con las competencias necesarias que garanticen su autosuficiencia y la igualdad en todos sus territorios.

De apostar decididamente por los servicios públicos (sanidad, educación, justicia,…); por un mercado laboral cuya flexibilidad no provoque la mengua de los derechos de los trabajadores; por una ley de transparencia contra el fraude y la corrupción a todos los niveles; por mejorar los controles en las actuaciones de las entidades bancarias y financieras; donde la Constitución sea considerada como la garantía y defensa de nuestras libertades, pero sobre todo como un documento dinámico que debe reajustarse a la realidad que pretende organizar, y que atestigüe que el grado de representación del pueblo en las instituciones sea verdaderamente proporcional y justo.

Si por todo ello te consideras perteneciente a esta nueva generación, a la de quienes piden a voces una regeneración de la vida pública en todos sus aspectos, ponte en marcha. Aunque posiblemente se te abra un nuevo dilema: ¿habrá algún ideario político actual en el que nos veamos representados?

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