Opinión

Lo que el PSOE no entiende

Salieron muy contentos del debate en el Senado convencidos de que habían doblado las piernas políticas de Núñez Feijoo, pero es más que dudoso que este supuesto triunfo logre modificar las encuestas que, día tras día y todas sin excepción, colocan al PP como el partido ganador si las elecciones se celebrarán en este momento.

Y es en este punto en donde el Gobierno y, sobre todo su Presidente, parecen haber entrado en pánico. No pueden entender ni en el PSOE ni en Moncloa que el Gobierno "de la gente" vaya perdiendo posiciones electorales. No entienden como implantando medidas para los más desfavorecidos, como es posible que ellos que se colocan al lado de los más débiles, que han gestionado tan exitosamente la pandemia --eso dicen en Moncloa-- y que denostan de los poderosos y algunas terminales mediáticas sin concretar esos poderosos ni esas terminales, cómo es posible, se preguntan, qué Nuñez Feijoo que o bien es insolvente o bien tiene mala fe según el Presidente del Gobierno, a día de hoy y según todos los sondeos, incluido el CIS, se haya colocado a la cabeza del ranking electoral.

Es obvio que una buena gestión es un tanto para cualquier Gobierno, pero no es suficiente. Si lo fuera bastaría con un equipo de técnicos pero se trata de política, que es algo bien distinto y plagado de intangibles como es, por ejemplo, la confianza, el ejemplo, la seguridad, la empatía, la humildad, la presencia de ánimo... todas esas cualidades que configuran de verdad un liderazgo.

Y es la ausencia de algunas de estas cualidades lo que de verdad está lastrando las perspectivas electorales del socialismo. El Presidente se ha venido arriba desde el primer día de la legislatura. Algunos de los propios y todos los ajenos reconocen que cuando pretende ser cercano, empático, hay un punto de impostura que, lejos de generar simpatía y confianza hacia su persona, lo que provoca es más desconfianza.

Resulta incomprensible que con el batallón de asesores que rodea a la presidencia del Gobierno nadie haya caído en que la audiencia en Moncloa a cincuenta ciudadanos, al final, haya resultado algo patetico, ni que a la hora del debate con Feijoo en lugar de reformar su imagen institucional pusiera semejante entusiasmo en doblar las piernas a Núñez Feijoo con tono y gesto bien alejado de las pautas del liderazgo.

Resulta incomprensible que no haya orden en el Gobierno. Cuando no hay discrepancia por el gasto militar, la ministra de Trabajo va por su cuenta para desde el, propio Ejecutivo realizar su propia campaña electoral. Es incomprensible que por errores que cometa el PP --que los comete-- tache al principal partido de la Oposición de insumiso y calle ante la insumisión de la administración catalana ante el 25% del castellano en las aulas. Ni una palabra han dicho.

Se equivoca el Gobierno si cree que estas cosas resultan irrelevantes en una sociedad que si bien esta agobiada por la situación económica también percibe esas otras cualidades intangibles que conforman cualquier liderazgo y va pareciendo obvio que Sánchez no es un líder, es el Presidente legítimo de España y por tanto un hombre con poder, y el poder es una herramienta necesaria para gobernar pero no puede ser el único objetivo. En este momento ese y no otro es el objetivo: mantener el poder.

Ahora que, de facto, ha comenzado la campaña electoral y que Sánchez lanzó la consigna de "a por todas" lo que vimos en el Senado es sólo el aperitivo de una campaña en la que como es lógico, Pedro Sánchez peleará por obtener los mejores resultados posibles con una estrategia principal: hacer creer a los españoles que Núñez Feijoo no es un adversario al uso, sino un mindundi, un incapaz para gobernar. La altivez resulta antipática incluso cuando pueda haber motivos objetivos para ello pero en el caso de Sánchez y que se sepa, no llegó aprendido al Gobierno pero como no entienden por qué, con todo lo que están haciendo por la gente, las encuestas no lo reflejan, caerá en la altivez y se equivocará.

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