Opinión

El PP en su noche oscura

Ellos solitos han entrado en zona de penumbra. Resulta increíble que el PP, principal partido de la oposición, se encuentre inmerso en tantos charcos. Ganó las elecciones de Castilla y León después de perder más de 50.000 votos, dejando que Vox, su principal adversario, subiera como la espuma. 

Luego, el debate de si deben aceptar al partido de Abascal en el Gobierno de Fernández Mañueco, dejando al presidente en funciones sin margen de maniobra. Después de su discurso, Pablo Casado tendría que dar muchas, muchísimas explicaciones si finalmente se produce la coalición que VOX solicita y a la que Casado se cerró en banda. 

Para rematar, una serie que parece de miedo, estalla de manera abrupta: la guerra entre Ayuso y Génova, consecuencia directa del error inicial e incomprensible de no reconocer y asumir como propio un éxito electoral fuera de toda duda. Los errores se pagan y en política, más. El PP pagará un precio muy alto, tan alto que ha entrado en una noche oscura en la que se han metido ellos solitos. 

La acusación directa de Génova de que el hermano de Ayuso ha cobrado 286.000 de comisión es mezquina porque no la pueden demostrar. Y es mezquina porque demuestra dos cosas: que, efectivamente, se la investigó y, segundo, que no acudieron a los tribunales, pese a las supuestas sospechas infundadas. La dirección nacional no puede ni debe, sin pruebas fehacientes, lanzar acusaciones de semejante calibre. 

Ignoro si lo de los detectives es verdad o mentira. Doy por supuesto que mientras no se demuestre lo contrario, no se puede acusar de corrupción a nadie. Reconozco no estar en los recovecos de toda esta insólita situación, pero lo cierto es que tras la medida y decidida intervención de Ayuso, dirigiéndose directamente a Pablo Casado, se ha producido un punto de inflexión que no tiene marcha atrás. 

Es más que previsible que no haya armisticio posible. Se ha perdido demasiado tiempo. Se llega tarde a cualquier intento de reencuentro y el resultado final es que no solo nadie gana, sino que los votantes y afiliados se ven inmersos en una guerra interna que en nada contribuye a alcanzar La Moncloa. Semejante espectáculo, que ha dejado de rozar lo esperpéntico para lanzarse de lleno en el, tendrá un precio. Y no hay duda que afectará a Pablo Casado; lo que no se sabe es hasta qué punto. 

Si desde el primer momento Ayuso y él se hubiesen abrazado, nada de esto estaría ocurriendo. Pero ha habido quien se ha encargado de convencer al presidente del PP que la presidenta de Madrid iba a por él. Y según parece, Casado se lo ha creído, pese que nada avale esa teoría. Fue en Valencia cuando Ayuso, para cerrar cualquier duda, se dirigió a él para decirle cuál era su sitio, que no era ni es aspirar a La Moncloa.

Otra cosa son las supuestas irregularidades que están por demostrar. Si las hubiera habido, el PP de Casado no las podría permitir por mucho que Ayuso y él se hubieran abrazado. Hasta que eso se demuestre, si es que se puede hacer, lo único claro es que desde Génova se está acusando al mayor activo electoral que tienen. La imagen del PP es, en estos momentos, una imagen de sordidez que resulta insoportable.

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