domingo 15.12.2019

La desinflamación

¿Se acuerdan de Ibarretxe, ex lehendakari, cuando decía aquello de dialogar hasta el amanecer?. Me apunto a esta tesis. La democracia es palabra y no fuerza, no imposición, convivir con aquello que no gusta, aceptar al diferente y aprender a navegar en medio de las contradicciones sin que lo suponga un desdoro. Pero la democracia es también claridad en las posiciones y equidad en los juicios.

Valga este prólogo para no realizar una enmienda a la totalidad a la posición del Presidente del Gobierno en relación a los partidos independentistas. Ojalá sus esfuerzos por lo que se ha denominado "la desinformación" dieran los resultados por todos deseados. Nada apunta a que esto vaya a ser así. Ellos, los independentistas se mantienen en sus trece exigiendo al Ejecutivo lo que saben de antemano no puede conceder. Ningún Gobierno puede llegar a la Fiscalía General y decir, venga, hombre que no es para tanto, haz algo.

Visto como transcurren los acontecimientos, la desinflamación no está conduciendo a nada. Ni habrá presupuestos y ni ha habido un solo paso atrás. Eso sí, se cuidan muy mucho de no traspasar la línea roja que llevaría a un nuevo 155.

Así, exigiendo lo inelegible transcurre esta segunda parte de la legislatura con un personaje que nunca decepciona que no es otro que el diputado Rufián, empeñado en el espectáculo, en el insulto, en la inútil provocación. Se ha creído su papel y a el se debe. Se vio en el pleno del miércoles cuando por tres veces desoyó las llamadas de atención de la Presidenta del Congreso, mientras arremetía en términos inaceptables contra el ministro de Exteriores al que no perdonan que diera un mitin con Sociedad Civil Catalana, todos fascistas, a juicio de Rufián. Borrell le dijo lo del serrín y el estiércol. En realidad el ministro le dijo lo que muchos, incluso de su propio grupo, piensan pero que no han tenido el temple de decirlo abiertamente. Frente a Rufián, siempre con Borrell.

Lo llamativo es que los medios reflejen la duda del grado de apoyo del Presidente, que sí, que mostró su solidaridad con el ministro -¡¡¡solo faltaba!!!- pero que incapaz de criticar abiertamente al actitud de Rufián hizo un llamamiento generalizado para que todos pusieran cordura, como si todos fueran lo mismo, como si el espectáculo y ocurrencias lamentables fuera la moneda común en el Congreso. Bien sabe Sánchez que no es así. La cuestión es ni mencionar a Rufián, bien distinto en su estilo a su compañero de grupo Joan Tardá, tan independentista como él pero más comedido en sus actitudes y palabras.

Cuando hay dudas del grado de apoyo es que algo ocurre. Quedó clarísimo que el Presidente del Gobierno ha roto relaciones personales con Pablo Casado porque le pareció indigno que le hiciera corresponsable de lo que ocurría en Cataluña. Bastó una frase para que las cosas quedaran claras. También quedó clarísimo que al Gobierno le pareció una provocación que Ciudadanos se reuniera en Alsasua, pero ni medio palabra que algunos de sus apoyos en el Congreso hayan jaleado a quienes agredieron a dos guardias civiles acompañados de sus novias. Se pasa de puntillas por todo aquello que tenga que ver con la "desinflamación" pero queda clarísimo que aquí los únicos que crispan son Rivera y Casado.

Ambos dos -Rivera y Casado- podrían hacerlo mejor, ahorrar algunos términos, pero está por ver que alguno de los dos lleguen ni a la suela del zapato a los permanente desmanes de Rufián. Es verdad que la buena imagen del Parlamento y de la política en general es responsabilidad de todos, pero no todos deben entrar en el mismo saco. Esto es equidad de juicio, lo demás es desinformación gratuita como reconocen en privado socialistas que no se sienten reconocidos en lo que ven y escuchan.

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