domingo 05.07.2020

Lo que nos enseña el Covid-19

Montesquieu aseveró que cuando el infortunio se generaliza en un país, se hace universal el egoísmo. Quizá habría que añadir que también se universaliza la generosidad. Digamos que en situaciones como la que estamos viviendo, sacamos el Quijote y el Sancho que cada uno llevamos dentro, y uno de los dos es el que gana la partida en según qué momento. Lo cierto es que el hito histórico que marca el Covid-19, supondrá un antes y un después a escala planetaria. De momento, ya hemos aprendido algunas cosas:

Este virus ha pulverizado las fronteras. Nos hemos quedado como los troyanos cuando les metieron el famoso caballo de madera, al darnos cuenta de que teníamos en nuestro ámbito un virus que hacía solo unas semanas estaba tan lejos como la ciudad china de Wu-han, donde apareció por primera vez.

Nos hemos quedado como San Pablo cuando se cayó del caballo, camino de Damasco, hemos visto la Luz. Hemos empezado a valorar lo que teníamos y no le dábamos importancia, porque era lo normal, cuando nos hemos visto obligados a confinarnos en nuestras casas. Nosotros, que somos un país al que le encanta la calle, los saludos, los abrazos, los besos, los bares, las fiestas, las tradiciones…, en casa. Y si salimos, solo para lo permitido, con mascarilla, guantes y mirándonos a distancia y de reojo.

Hemos aprendido a tele reunirnos, a teletrabajar, a tele firmar… Habrá que valorar todo eso cuando esto pase. El ahorro en tiempos, en combustibles, en contaminación, etc., supone un auténtico respiro para el planeta y una mayor conciliación familiar y personal.

Nos hemos preguntado el porqué de tantas armas nucleares y tanto gasto en defensa para luchar contra un enemigo grande, cuando resulta que había que invertir en Sanidad y en Investigación para luchar contra un enemigo muy pequeño, pero con muy mala leche. Ahora es cuando se demuestra más que nunca la utilidad de nuestra Sanidad Pública, que otros se empeñan en privatizar.

Es curioso, nos hemos tapado la boca y se nos ha caído la venda de los ojos. Nos hemos dado cuenta de que podemos vivir sin fútbol, pero no sin personal sanitario, investigador, transportista, reponedor... y nos empezamos a preguntar el porqué de esa diferencia sideral entre lo que cobran unos futbolistas (los privilegiados) y los demás. ¿Porque nos entretienen? Pues habrá que buscarse otras alternativas de entretenimiento.

Nos hemos dado cuenta de la inutilidad de las tiranteces de ciertas políticas autonómicas. Y ha vuelto a quedar patente el buen y el mal político en cada ámbito, el central, el autonómico y el local. Se ha visto claro al político o política estadista, con independencia de su ámbito, y al carroñero; al que piensa en la ciudadanía y al que piensa en lo suyo.

A la hora de escribir esta crónica estamos todavía sin doblegar la famosa curva. Cuando estemos en la lenta bajada y, sobre todo, cuando esto se termine porque hayamos vencido, como es seguro que haremos, será el momento de hacer cuentas. Cuentas del coste en vidas, del precio que esta sociedad tendremos que pagar y de poner a cada uno en el sitio que se haya ganado.

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