domingo 05.07.2020

La nueva normalidad

El término «nueva normalidad» se ha estampado en nuestra sociedad como un mantra. Precisamente, un contrasentido; porque la normalidad es algo que ya viene sucediendo y, si es nueva, no puede ser normal hasta que con el trascurso del tiempo se haga así. Es cierto que entendemos lo que quiere decir, y no es otra cosa que el hecho de que se hayan acabado los tiempos en los que vivíamos de aquella manera, que ya nada será igual, o al menos no lo será tal como transcurría nuestro día a día, y por bastante tiempo. Y nos tendremos que acostumbrar a otras formas de vivir, no nos quedará más remedio.

A veces necesitamos un cachete para darnos cuenta de lo que tenemos delante de las narices. Resulta que teníamos a nuestro alcance una fabulosa tecnología de la que no sacábamos toda su potencialidad. Así, seguíamos estampando nuestra firma en el papel, nos desplazábamos para reunirnos y teníamos que tocarlo todo. Viajes en coche, en avión o en cualquier medio de locomoción, y ahora nos hemos dado cuenta de que muchos de esos viajes no eran tan necesarios. Podemos utilizar la firma electrónica, podemos telerreunirnos, incluso se pueden reparar equipos a distancia, y así tantas y tantas cosas.

Esta nueva situación nos ha hecho agudizar el ingenio, y han surgido nuevas iniciativas empresariales para dar soluciones a las nuevas necesidades. No solo a las necesidades médicas, que ya están desarrollando científicos en todo el mundo, sino soluciones tecnológicas para la vida después de la lenta desescalada que se avecina. Porque las personas que tengan la posibilidad de continuar trabajando, ojalá sean muchas, lo deberán hacer con nuevas medidas de protección, con una ampliación de su esfera o espacio vital. La hostelería se tendrá que reinventar, en ello está, para el aislamiento y protección de espacios en el interior, la superhigiene en la cocina, recuperar la confianza del cliente…, el mundo del espectáculo, las discotecas y tantos lugares de ocio y disfrute. Además, está el pequeño comercio, los autónomos, las PYMES, las grandes empresas, la sociedad entera.

La salida a esta situación es una tarea de dimensiones colosales, que no puede ser abordada más que desde unas instituciones fuertes en lo político y en lo económico: unas dimensiones que trascienden las fronteras nacionales y que han de ser soportadas y apoyadas por la Unión (unión, sí) Europea. Es evidente la importancia que tiene la iniciativa privada, pero en catástrofes todo el mundo echa mano al Estado. Ahora es cuando toma realidad, cuando vemos clara, la necesidad de pagar impuestos. Ahora es cuando nos damos cuenta de lo que querían decir aquellos partidos que ya avisaban en campaña de que pretendían bajar los impuestos. Pongámonos a imaginar el significado de bajar impuestos. Ahora lo entendemos en toda su plenitud.

Por tanto, no queda otra que unirse en lo político para afrontar la tarea de reconstruir la sociedad, atender los tiempos actuales y prevenir los futuros. Actuar de otra manera sería quedarse anclado en siglos pasados, con soluciones trasnochadas, que ya no valen para esta sociedad que, ahora sí, ha dado el salto al futuro.

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