miércoles 22/9/21

Y el cántaro se rompió

La vicepresidenta Calviño ha tenido que rectificar. El Gobierno ha reconocido que sus previsiones eran puro voluntarismo, un espejismo con el que hacer política y de la mala y finalmente ha modificado el cuadro macroeconómico que presentó junto con los Presupuestos Generales del Estado para 2021. Ahora, el objetivo es que la economía española crezca este año un 34% menos de lo que había previsto y retrasa a 2024 la situación precrisis que recordemos era de un aumento del PIB entorno al 2%. Lógicamente esta drástica rebaja afecta a las previsiones de ingresos y gastos que contenían los PGE. La responsable económica achacó esta brutal desviación a la tormenta Filomena, la tercera ola del coronavirus y el retraso en la llegada de los fondos europeos. Insiste Calviño en que es prudente "como siempre". Hay que recordar que hace apenas unas semanas, cuando ya el consenso de analistas venía recortando sus previsiones, la vicepresidenta no encontró ningún motivo para revisar las del Gobierno. Es más, se mostraba muy satisfecha con lo que marcaban los indicadores adelantados que maneja desde Economía.

En todo caso, la nueva previsión de crecimiento del 6,5% sigue siendo alto si tenemos en cuenta que tampoco la vacunación va al ritmo deseado y que hay pocas certezas de que no haya una cuarta ola por más que ésta sea menos mortífera. Las restricciones de movilidad continúan y no sólo en España por lo que el turismo, una de nuestras principales fuente de ingresos y empleo, va a seguir muy dañado y es más que probable que el verano no sea como todos deseamos.

La gran calamidad que pone de manifiesto esta revisión es el paro. La previsión es que este año suba hasta el 15,2% de la población activa, cifra tremendamente mayor si tenemos en cuenta los trabajadores en ERTE y en otras circunstancias laborales y personales que llevan el paro a una cifra cercana a los 6 millones de personas. Por todo ello, si ya las cifras de ingresos y gastos que recogían los PGE estaban infladas, ahora lo están mucho más. Si la actividad va a ser menor, la recaudación será inferior. Y si el paro va a aumentar, crecerán los gastos en prestaciones. Eso sin olvidar que ya las previsiones que el Gobierno había realizado sobre recaudación en nuevos impuestos eran absolutamente increíbles. Vamos a ver en los próximos días cómo Hacienda rectifica las distintas partidas de las cuentas públicas que tan alegremente predijo hace apenas unos meses. Y más teniendo en cuenta los 27.000 millones de euros que ya preveían recibir de los fondos europeos y que a día de hoy están en el aire, tras el parón que ha sufrido en el Tribunal Constitucional alemán.

El Gobierno se equivocó y mucho, un 34% como ya he dicho, y este desprestigio desgraciadamente afecta a su credibilidad, pero también a la de España en los mercados internacionales y en el ánimo del resto de socios a la hora de soltar dinero a un país que ha resuelto la pandemia y la crisis derivada de ella peor que la mayoría, con una tasa de paro que dobla la media europea, que no tiene un plan para ir ajustando su enorme agujero fiscal, no afronta reformas estructurales como pensiones y mercado laboral, saca cero en transparencia y lo fía todo al esfuerzo de sus socios.

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