Opinión

Órdagos de copia y pega

Sorprenden cuando menos estas tracas del mes de septiembre en las que la oposición socialista anda enredada buscando motivos de alegría en unos datos de intención de voto que, lejos de expresar un relanzamiento del PSOE como alternativa al PP por méritos propios, revelan que los deméritos de los segundos empatan con los de los primeros y sitúan a ambos al mismo nivel: en números rojos

Sorprenden cuando menos estas tracas del mes de septiembre en las que la oposición socialista anda enredada buscando motivos de alegría en unos datos de intención de voto que, lejos de expresar un relanzamiento del PSOE como alternativa al PP por méritos propios, revelan que los deméritos de los segundos empatan con los de los primeros y sitúan a ambos al mismo nivel: en números rojos.

Más allá de ellos, una IU agradecida con el desatino de ambos, un UPyD feliz de que se les confunda con izquierdas o derechas, según el barrio, y un rosario de comuneros, votantes en blanco… y, en definitiva, un desapego total con nuestros políticos que llega a la médula misma del votante de toda la vida, cada vez menos crédulo.

Al frente de los socialistas castellano-manchegos un Emiliano García-Page, quejumbroso, como toda oposición, con el tratamiento que los medios de comunicación le otorgan, pero que sigue sin dar el golpe de efecto que se le presuponía, después de que el barco socialista encallara y de qué manera en la primavera de 2011.

Tendrá mucho que andar este PSOE, nada acostumbrado a caminar en minoría, en su travesía del desierto. Eso sí… el tiempo se va agotando. Aprender que el pasado, pasado está aún parece una lección por digerir. Desde fuera, aunque no por el tejado, parecen haber empezado a reconstruir su casa y, eso, claro está, tendrá o no buen fin en tanto los mimbres que se usen no sean justo los que les llevaron al desahucio y el derribo. En cualquier caso, es un riesgo remediable siempre que uno tenga la valentía de deshacerse de viejas vigas, tirar la vajilla de la abuela y decir alto claro “éste soy y estos son los míos”.

Poco más de año y medio queda por delante para saber si será o no García-Page el candidato del PSOE a la presidencia de la Junta y, aunque se dé por hecho tanto dentro como fuera y se respeten los tiempos que marcan los estatutos de su partido, es lógico reclamar más claridad si se pretende llegar a 2015 con un nivel de notoriedad que permita a los socialistas enfrentarse a Cospedal con la garantía de que un señor de Orea o de Terrinches sepa quién es ése de la pancarta del puño y la rosa.

El PP, sin saberlo quizás, hace el favor a Page de situarlo en el mundo, poniéndolo a caldo día sí y día no, ya sea en rueda de prensa o a través del manual de “anti-periodismo” de la radiotelevisión pública castellano-manchega, haciendo buena la frase de Wilde “the only thing worse than being talked about is not being talked about”  (“Sólo hay una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”). Lo sabe bien Page, alumno aventajado de José Bono, a quien no le dolían prendas en ignorar a aquel señor, hijo de expresidente, que se atrevió a medir sus fuerzas con aquél, capote de capea en mano, enarbolando la bandera de los cuneros.

Entretanto, Page anda aquí y allí, con más cabezas que el águila del escudo de la ciudad que preside, a camino entre Rubalcaba y Castilla-La Mancha, con Toledo en el medio, picoteando a diestro y siniestro y cayendo, a veces, en órdagos de copia y pega. El último, tentar a la justicia con un recurso para salvaguardar la bombardeada sanidad pública castellano-manchega, emulando a un Tomás Gómez que, allende los mares Carme Chacón, ahora parece ser referencia para él y todo Ferraz. Bendita coincidencia.

Habría de saber Page que, si se atreve a dar el paso, la jugada está descubierta desde el inicio. De todos es sabido que a Tomás Gómez al final los tribunales le dieron la espalda por considerar que no estaba legitimado para interponer el debido contencioso-administrativo y que fue la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM) la que, hace una semana, se llevó el gato al agua en su lucha contra los proyectos privatizadores del Gobierno de Ignacio González.

Bien es cierto que este horrible verano-Bárcenas del PP y esos 200.000 euros perdidos sirven de acicate para que los socialistas castellano-manchegos, a medio gas durante los dos últimos años, saquen pecho. Pero también lo es que habrán de poner en el asador algo más que la bochornosa actuación del extesorero de Cospedal y la promesa, grosso modo, de la desamortización de lo andado para volver a creer, no ya en el PSOE, sino en la política en general.

De momento, este asunto de llevar a los juzgados los posibles excesos privatizadores de la sanidad castellano-manchega, tienen, ya decíamos, un claro final, a menos que Page se guarde un AFEM debajo de la manga.

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