Opinión

Señales de hartazgo

El movimiento de placas tectónicas sociológicas y electorales que está viviendo España no ha aflorado aún a la superficie, pero los síntomas se reiteran y abarcan los más diversos ámbitos, aspectos y actitudes. Como siempre, los últimos en enterarse serán los afectados.

No voy a hablar de encuestas, aunque estas también señalan que el sismógrafo está sufriendo oscilaciones serias, sino de esas otras señales que nos pasan más desapercibidas pero que indican los corrimientos de fondos. Por ejemplo, en lo que vemos, que aunque cada vez menos, es la tele. Y resulta que hay cosas que quiere ver cada vez ve menos, dando con ello pistas de lo que siente y opina.

El desplome hasta la hecatombe de ciertas cadenas comenzando por la pública, que de ello tiene el nombre y los paganos, nosotros, porque el dueño es Sánchez, es un gran indicativo. Fue estruendoso cuando llevaron a entrevistar (abanicar) al “amo” y no llegó ni al 6%. Pero es también significativa la caída de audiencia de otros canales y programas emblemáticos que hasta hace muy poco eran la boyantes y tenían pretensiones hegemónicas de marcarnos obligatorias pautas de conducta. El conjunto de sus personajes, la parva entera de conductores e invitados, parecen cada vez más arrugados. Y algunos, socarrados.

Otro tanto está pasando con las “prescripciones” que los sanedrines inquisitoriales de la Bondad Absoluta y los Buenos Universales nos pretenden imponer o prohibir si perseveramos en el mal. Se están convirtiendo en la mejor propaganda y más eficaz de lo que denostan.

No es menor el pulso del manifestodromo. Toda una recua de manifestaciones, sobre todo las ligadas a los dislates de los ismos más extremados acaban por tener más siglas convocantes y cámaras que asistentes. Les dan luego minutos y planos, pero el personal ya les tiene calados y cuenta los gatos: cuatro.

Un elemento relevante es la contestación creciente a sus dogmas. La réplica a las consignas hasta en los foros más hostiles, pongamos que hablo de twitter y redes adyacentes, acaba teniendo mayor potencia que el mantra. Ha sucedido, sin ir más atrás, este año en la conmemoración del Descubrimiento de América. Fue el acontecimiento más trascendental para el devenir del Mundo de toda la historia, pero al formar parte del argumentario criminalizador de nuestra progrecracia contra España había que pasar de puntillas y avergonzarse. Pues resulta que a mucha gente no les da la real gana de hacer tal y hasta pasa que sí les da por leer historia en novela o en ensayo ahora que la han declarado proscrita en la enseñanza.

Se percibe en muchas capas y en los más diversos ambientes un hastío cada vez más grande. Se han afectado y pisoteado tantas cosas, tantos códigos, se ha “normalizado” una y otra vez lo que es una verdadera “anormalidad ética”, pongamos que hablo de los asesinos de ETA, se ha violentado de tal modo y manera el sentir de las gentes de a pie, el sentido del común, vamos, hasta casi, y sin casi, convertir en delito el llamarle mujer a una mujer que más allá de los percances económicos y el saqueo sistémico de nuestros bolsillos, que esa es otra, el personal en buena parte está de unos ciertos y unas ciertas, hasta los pelos.

Vamos que, más o menos soterradamente, el personal está que echa chispas. Como para que le venga una ministra vendiendo edredones.

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