sábado 25/9/21

Monsergas y disparates fronterizos

Empiezo a sospechar que cuando al fin me pongan la vacuna, tendrán que empezar a ponérsela a quienes les tocó primero. No sé ya por cuál "ola" iremos ni qué estabulación perimetral nos habrán impuesto pero seguro que alguna seguiremos padeciendo. Perdonen mi pesimismo pero denme algún dato que lo contradiga y lo acogeré gozoso. Digo un dato, o sea hechos, y no monsergas, que si por esas fuera la pandemia hacía ya muchos meses que estaba enterrada.

La vacuna es la única esperanza. Lo demás son cataplasmas. Y vacuna existe pero han pasado tres meses desde que está disponible y en España no se ha vacunado ni a un diez por ciento de la población al menos con una primera dosis. El fiasco de la Unión Europea ha sido espectacular. Un desastre sin paliativos añadido a la parálisis contemplativa de los estados miembros que lo ha permitido y que parece conformarse con el desaguisado sin mover ni un dedo ni siquiera levantar la voz y exigir soluciones. Que las hay. Porque hay otras vacunas, fiables, testadas y que se están administrando en otros países. Los ejemplos de Israel y Serbia lo demuestran.

La vacuna es la madre del cordero y lo demás son gaitas. Una de las gordas es el invento de la estabulación por comunidades que rechina contra todo sentido común por su disparate de origen. Más allá de los sinsentidos de la inflación de fronteras en la que estamos metidos, sírvanse ustedes en simplemente analizar unos simples cifras para darse cuenta del disparate. Pues no es otra cosa que aplicar esa medida a magnitudes absolutamente diferentes y contradictorias. Por ejemplo, Castilla y León, la más extensa en superficie, 94,2 mil km2, 9 provincias pero solo 2,4 millones de habitantes, muy poco densamente poblada, al igual que Castilla-La Mancha, 79,5 miles de km2 , apenas algo más de 2 millones de habitantes o Andalucía, 87,6 mil km2, 8 provincias, 8,5 millones de habitantes, más poblada con un Madrid, minúsculo en territorio pero con 6,7 millones de habitantes, intensamente poblado o La Rioja, la más pequeña de las peninsulares, 5 mil km2 con tan solo 315.000 habitantes. Aplicar esa misma medicina, al margen de lo ridículo que en ocasiones resulta impedir el paso de un pueblo a otro, por ejemplo entre Guadalajara y Soria, hasta puede traer consecuencias nocivas y contrarias a lo que se pretende.

¿Cuál es el criterio para adoptarla? ¿Que los andaluces solo puedan infectar andaluces, los madrileños a los madrileños? No sería y es y ha sido más eficaz no andarse con artificiales divisiones de fronteras autonómicas el aislar e impedir la movilidad de los municipios e incluso de zonas concretas de grandes ciudades que tengan un porcentaje alto de positivos? ¿No es eso lo racional?

En realidad estas medidas más bien parecen fruto de la impotencia ante algo contra lo que no tenemos remedio excepto esa vacuna que, me alegro mucho por ellos, de veras, un diez por ciento de nuestros compatriotas ya tienen y el otro 90 por ciento espera. Mientras lo único que podemos hacer es seguir aplicándonos las medidas protectoras que sabemos que pueden evitar el contagio. Intentar no contagiar ni contagiarnos, vamos. Pero ello me parece que sirve lo mismo en todos los lados sin que haga distinción, ni para bien ni para mal de región de residencia.

He dejado voluntariamente al margen el esperpento de esta Semana Santa en que un alemán o un francés pueda venir a su segunda residencia en Mallorca o de turista a cualquier punto de nuestra geografía y a a un español le persigan por irse al pueblo de al lado si cae al otro lado de una frontera inventada.

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