Opinión

Las Leyes Disney

Cualquiera diría, y casi me atrevo a asegurarlo, que los creadores de las leyes que nos ha comenzado a tocar sufrir tienen como referente intelectual y mentor científico a Walt Disney. El infantilismo, la ñonería, la conversión de la realidad en un cuento rosita, o morado, da igual, donde la vida y la verdad son suplantados por virtualidades engañosas y remedios de bálsamo curalotodo de Fierabrás son las señas de identidad de toda esta ristra de despropósitos, donde a la vista de los hechos y destrozos que ocasionan, lo único que se les ocurre a sus defensores es decir que tenían “buena intención” .

Nuestra sociedad, y no solo en lo concerniente a la Naturaleza, a quien el tal Walt ha causado el peor de los perjuicios con su mentirosa mixtificación, está bajo el influjo de esa “filosofía” infantiloide, tan empalagosamente dulce como nociva y perversa en sus consecuencias. Según la memez universalmente reconocida como verdad, que, ¡ojo! está prohibido criticar bajo feroz pena de exclusión, los animales son humanitos, con estatus de raciocinio, conciencia y derechos fundamentales de persona (más que un niño, sin forzar) de persona y además hermanados, lobitos con corzos y leones con jabalíes. Los humanos por su parte son angelitos con autodeterminación sexual a quienes un príncipe Robín Hood, sin que ellos hagan de hacer otra cosa piar, les restaurará el paraíso repartiendo el maná que orcos malvados tienen guardado en cavernas infernales y a los que hay que saquear y aplastar.

Las pruebas de las consecuencias de la estupidez ya están aquí. Han aflorado, como setas y hongos en tropel, en la conocida como la Ley del Si es Sí y no tardarán en ponerse también en evidencia cuando empiecen a aplicarse la dedicada a los cambios de sexo, con barra libre aún en edad infantil, y la que han bautizado como de “Bienestar Animal” y que es, de veras, la de la “Insensatez Animalista”. Pero, descuiden, no por ello van a de dejar de proclamar que ellos han hecho el bien y que es maravilloso y chulísimo lo que han engendrado con beatífica voluntad.

Que ya más de 140 cuarenta delincuentes sexuales, violadores, pederastas y abusadores varios, se hayan visto beneficiados por su aplicación, con reducciones de pena y, en una docena de casos, puesta en libertad no les parece motivo para rectificar. Porque para ellos el credo, laico, claro, su la ideología está muy por encima de la “fea” realidad. Pues ellos son los buenos, los virtuosos, los éticos, los portadores de la verdad revelada, los seres superiores, los que no tienen tacha ni mancha ni pecado. Ni original, ni mortal ni venial. Ellos son, ahora que no les viene bien sacar en procesión a San Lenin y San Marx, la rediviva reencarnación multiplicada del espíritu de San Walt Disney. Y la mezcla de los tres. O sea, su Santísima Trinidad.

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