jueves 20.02.2020

Jaque al Rey Felipe

El Rey Felipe VI se ha convertido en el objetivo. Sobre su persona y figura ha comenzado el fuego graneado desde todos los flancos. De unos con absoluto descaro y las teas en la mano, de otros más emboscados y aparentando sonrisas y de algunos, los más recientes, pretendiendo ser incluso los guardianes de su esencias.

Desde aquel 3 de octubre en que el Jefe del Estado salió a decir lo que no podía callar y en socorro de la Nación agredida y desamparada-un Rey constitucional en defensa de la Constitución, sus leyes y los derechos de todos sus ciudadanos- la enemiga de los separatistas no hizo sino alcanzar ya niveles de paroxismo. El odio de todas las castas y pelajes del independentismo, desde los más violentos hasta los untuosos adalides de la traición taimada, y no solo catalanes, es ya una seña de identidad de todos, que entienden que su figura supone un bastión esencial y por ello se afanan en su destrucción para así poder completar su meta: el descuartizamiento de España y el robo de la soberanía sobre su territorio al pueblo español. Como dirían los podemitas, sus aliados y partícipes en ese intento de saqueo de los derechos de la ciudadanía, el golpe definitivo al Régimen del 78, que es como, aunque ahora lo pregonen menos, desprestigian de manera subrepticia y miserable, al Estado Democrático de libertades y derechos, propiciado por su también odiada Transición donde por una vez prevalieron el interés general, el consenso, la generosidad, el futuro compartido y el diálogo. Sí, diálogo, el de veras y no estos sectarios chantajes y trágalas que no se les caen de la boca y con los que enfangan la palabra y el concepto.

Separatistas y extrema izquierda llevan ya su buen tiempo unidos en ello. Unos con vesania y descaro, los otros con disimulo y hasta regalos envenenados. Pero unos y otros en el mismo empeño y que no dejan de expresar esa meta de una manera u otra, aunque algunos mantengan las formas y los otros exhiban su desprecio negándose incluso a la preceptiva obligación de acudir a la cita de consultas a los grupos parlamentarios, cosa a la que se han negado, y la presidenta socialista del Parlamento consentido, ERC, Bildu y BNG. Y ha sido esta una de las cuestiones que han vuelto a levantar la faldilla a un PSOE, a un sanchismo rampante, que al igual que da síntomas de desarraigo como partido troncal de esa Constitución también los ofrece de desapego e incluso de suplantación en ocasiones del papel reservado al Rey como Jefe del Estado.

Hasta aquí, con ser cada vez más preocupante, como lo es la situación de gravedad cada vez más angustiosa, aunque se pretenda minimizar el riesgo con otro mendaz e irresponsable "no pasa nada" cuando estamos amenazados por el desafío mas extremo a su integridad como Nación desde hace 500 años, los actores son más o menos previsibles. Los unos desde siempre y los otros deslizándose hacia ellos. Pero el último en hacer su aparición, sorprendentemente, puede resultar el más peligroso pues proviene del segmento que, en apariencia y vocerío, alardea de ser el gran baluarte y defensor a ultranza de la Institución, de la Corona y del Monarca.

En la pasada semana, a través de las redes, sin que figure sigla alguna, pero de manera cada vez más orquestada y extendida, se ha puesto en marcha una campaña contra el Rey a quien se acusa, y contra el que se carga con descalificativos cada vez más gruesos, de no haber impedido que Sánchez sea el nominado para la investidura como Presidente del Gobierno. Aducen que el Rey tenía que haberlo rechazado aduciendo que sus apoyos son de partidos que están contra la Constitución y la unidad nacional y que él tiene la obligación de preservarlas.

La argumentación es tan pedestre, tosca y cerril como fácil de inocular dentro del mejor y más eficaz estilo populista. Simplemente porque Don Felipe no puede constitucionalmente hacerlo, porque esos partidos se han presentado a las elecciones, han sido votados y gozan de todos sus derechos. Y porque sencillamente quien incurriría al hacerlo en delito de violación de la carta Magna sería él mismo. No podría darles a sus enemigos mejor arma para que lo ejecutaran. Eso que corre por foros y wassap sería la más letal manera de ponerlo a merced de sus enemigos, de todos esos que con su destrucción buscan también hacerlo con España. Y el estupor aumenta cuando se indaga mínimamente en los aventadores de la especie y se topa con que son gentes posicionados en la derecha más radical, extrema en ciertas ocasiones y comportamientos y que no ocultan en bastantes casos en sus perfiles personales sus simpatías por Vox, exhibiendo su voto y su contento por el resultado alcanzado.

En absoluto, sería una mentira y una infamia, puede ni siquiera insinuarse que la organización política está en ello ni tras ello. Ninguno de sus dirigentes ni cargos públicos ha participado ni ha dicho palabra al respecto. Pero el ruido proviene de sus territorios y entornos y quizás sí fuera más que oportuno el salir al paso de lo que se está extendiendo en tales ámbitos a velocidad vertiginosa y es reproducido y compartido ya a modo de consigna. Porque ese sí es un hecho innegable, el ataque a don Felipe, ya es un jaque desee los dos y más extremos costados, porque la novedad es ahora que a los separatistas y extrema izquierda se está uniendo la extrema derecha. Buena ocasión tiene pues Vox de desmarcarse de esa cuadra.

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