domingo 19/9/21

Indefensión e impunidad

Una doble sensación, cada vez más basada en realidad y experiencia, se está imponiendo en nuestras vidas. La de indefensión entre las gentes del común y los ciudadanos de a pie que respetan las leyes y las normas de convivencia y la de impunidad entre quienes las violan de manera flagrante, ostentosa e imponen por la fuerza de la masa o de la violencia sus propósitos. La evidencia esta en las calles y en las pantallas de televisión. Esta semana pasada ha sido además la noticia repetida día a día y noche a noche alumbrada por las llamas.

La indefensión y desamparo del ciudadano de a pie llega ya a todos los rincones de su vida cotidiana, a las cosas más sencillas y vitales y a los elementos de mayor trascendencia. Con un añadido aún más perverso. El no solo está obligado a respetar las leyes y aceptar se sancionado con creciente saña sino que debe asumir no solo el que los otros no tengan en absoluto castigo por violarlas sino que encima si la violan contra él debe aguantarse, abstenerse de respuesta y acatar que tienen bula, indulgencia y premio por hacerlo.

No miren solo a los incendios y saqueos de las turbas de separatistas, extrema izquierda y todo tipo de delincuencias que gozan de inmunidad e impunidad total y con quienes no va ni tiene efecto ley ni estado de alarma. Ya sucedió cuando hicieron la vez anterior arder Barcelona arrasando con todo y no tuvieron que pagar ni una multa. En absoluto. Fueron agasajados como héroes y vitoreados como salvadores. Pues ahora, más de lo mismo. Aunque sea otra la excusa.

Pero salgan de ese asunto y pongan la vista en lo que se ha venido a llamar “okupación” y no es otra cosa que el asalto y robo de una vivienda donde el asaltante y cada vez más según la última normativa perpetrada por el Gobierno, tiene la “ley” de su lado y es el asaltado el sospechoso del delito. O vayan a la pandemia y verán que ustedes pueden ser de inmediato arrestado por hacer una fiesta en su domicilio que supere en una persona el cupo establecido pero justo abajo, en su propia la calle si se parapetan detrás de unas siglas y gritan unas consignas se guardaran muy mucho de chistarles. Mientras no les agredan, la policía ya se conforma con ello. Y no les falta motivo. Sus “jefes” les van a dejar, como poco, tirados y en un descuido imputados y escarnecidos.

Para ello basta para exhibir como escudo absoluto unos derechos. Esencialmente y ahora exhibidos dos. El de manifestación y el de expresión. De inicio ambos llevan en la práctica añadido un embudo de muy diferente tragaderas dependiente de quien lo ejerza. En cuestión idéntica o incluso de infinita menor cuantía lo que en unos se considera libertad ejercible en los otros es odio perseguible. Para que nos entendemos unos pueden insultar, amenazar, perseguir y desear la muerte de sus rivales y ensalzar y alentar a terroristas, regímenes totalitarios y asesinos y los otros deben andarse con cuidado de no emplear término alguno que pueda considerarse no correcto. Vamos que un piropo si es delito pero jalear a los autores de una masacre terrorista es “arte”.

El derecho de manifestación para algunos, con bula de Podemos y tolerancia sanchista conlleva, según sus autores y protectores el derecho a destruir bienes públicos y privados, robar comercios, incendiar calles, agredir a la policía y aterrar e intimidar a los ciudadanos. Y el de expresión autoriza a amenazar, incitar a la violencia, infamar y hasta agredir a quien les placa siempre que se les señale como “fachas” con lo cual quedan excluidos de la condición de personas.

Ni el derecho de manifestación ni el de expresión acogen esas acciones ni aún menos las amparan. Y quienes las alientan y ejercen lo saben perfectamente. Sencilla y llanamente lo que están haciendo, con impunidad y ante nuestra indefensión creciente, es aplastar nuestros derechos y nuestras libertades. Porque lo que todo ello esconde es que solo son “válidas y buenas” las suyas y los suyos. Los nuestros no existen, no somos de los “buenos”, no somos, por tanto, merecedores de tenerlos. No somos “humanos”.

Comentarios