domingo 07.06.2020

¿Y la Justicia qué?

En los movimientos sociales que han surgido en estos años de crisis han destacado las distintas mareas que podíamos identificar por sus ...

En los movimientos sociales que han surgido en estos años de crisis han destacado las distintas mareas que podíamos identificar por sus colores. La verde para educación, la blanca para defender la sanidad pública, el naranja fue el elegido para los servicios sociales o el morado el que ha referido la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Todos y cada uno de esos colores se veían en camisetas, pancartas, paraguas y cualquier otro elemento que pudiera servir para reivindicar lo que eran demandas justas. Miles de personas han salido a la calle y varias veces en estos últimos meses las calles de Madrid se han visto inundadas por estas mareas que peleaban por mantener unos derechos que los ciudadanos habíamos conseguido a lo largo de treinta años de democracia y ahora nos lo querían quitar a base de decretazos.

Sin embargo yo echaba algo en falta. Me preguntaba cómo era posible que en medio de ese empoderamiento ciudadano hubiese un elemento fundamental para la democracia que estaba siendo atacado como los demás y que sin embargo quedaba en un segundo plano, olvidado. No terminaba de entender por qué mientras la gente se manifestaba por la Sanidad y la Educación los papeles se acumulaban en los pasillos de los juzgados, había un presidente del Constitucional que llegó a pagar cuotas del PP o se imponían unas tasas que limitaban el ejercicio de los derechos a muchos, y nadie hacía nada por impedirlo. Me costaba, en definitiva, entender que los ciudadanos dejaran de lado la Justicia cuando era en definitiva la garantía de que se cumplieran el resto de los derechos por los que peleaban.

Y pese a que no hubo marea ni color corporativo sí que comenzó un movimiento que salió de un grupo de abogados, ese colectivo tan denostado por algunos como imprescindible para todos, al que se le conoce como Brigada Tuitera. Su símbolo, una #T, ha llegado a ser tendencia en Twitter y varios de sus portavoces han sido recibidos por políticos de varios colores para escuchar sus demandas. Es a su lucha, en gran medida, a quienes debemos la eliminación en parte de las tasas judiciales y a ellos tenemos que agradecer que todos podamos conocer la crítica situación que se esconde detrás de las paredes de las sedes judiciales.

Sin embargo no es suficiente. La lucha por una Justicia independiente y al alcance de todos también debe ser un movimiento ciudadano, no una reivindicación exclusivamente del colectivo jurídico. El argumento es muy sencillo: sin Justicia no hay democracia, sin independencia no hay Justicia. Y la Justicia debe ser la última opción en la que todos, y cuando digo todos digo independientemente de nuestra capacidad económica, podamos reivindicar y ejercer nuestros derechos. Por eso la Justicia también mereció una marea. Aún estamos a tiempo.

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