lunes 06.04.2020

Plurinacionalidad a la carta

El 23 de abril es un día que bien merecería el color rojo en el calendario laboral de los españoles o,  al menos, en el de muchas de las actuales comunidades ...

El 23 de abril es un día que bien merecería el color rojo en el calendario laboral de los españoles o,  al menos, en el de muchas de las actuales comunidades autónomas. En esa jornada que acabamos de pasar se conmemora la muerte de Cervantes y de Shakespeare, lo que valió para que de manera justa la UNESCO la eligiera como Día del Libro. También se festeja San Jorge en Aragón o Sant Jordi en Cataluña, inundando de rosas rojas sus calles. Y aunque no acapare la misma atención mediática, de manera intencionada o no, el 23 de abril también es una fecha señalada para los castellanos (o al menos oficialmente para la mitad de ellos) pues en este día se recuerda la lucha comunera que con Padilla, Bravo y Maldonado a la cabeza llegó a redactar el que, para muchos, ha sido el primer texto constitucional en España.

En medio de este batiburrillo de celebraciones, tradiciones y políticos que aprovechan para dejarse ver entre el pueblo hizo acto de presencia Pablo Iglesias, al menos de manera virtual. A través de 140 caracteres deseó un “feliz día a catalanes, aragoneses y castellano-leoneses” e invitó a celebrar “con libros y rosas el recuerdo de los comuneros”. El tuit pudiera parecer intrascendente de no ser por las declaraciones que a lo largo de los últimos meses ha ido vertiendo el líder de Podemos a favor de la plurinacionalidad y la consulta en Cataluña mientras que él mismo llegó a asistir en Toledo a un acto organizado por su partido que bajo el lema “somos región” festejó un 31 de mayo.

Por todo ello me surgen varias cuestiones: ¿qué plurinacionalidad defiende Pablo Iglesias?, ¿cuáles son las naciones que según él conviven en España? No estaría de más que pudiera concretar algo tan fundamental como la organización política y constitucional que propone para el país que pretende gobernar. Parece claro que en Cataluña ha encontrado un buen caladero de votos y no duda en enarbolar la bandera del soberanismo cuando haga falta.  Algo parecido le sucede en Aragón, donde su mano derecha y actual Secretario de Organización tiene su cuartel general. Sin embargo en Castilla Pablo Iglesias no tiene ningún otro interés más allá de colocar a cabezas de listas que nada tienen que ver con las provincias por las que se presentan.

El morado de Podemos está muy lejos de ser comunero. Lamentablemente para la tierra de Cervantes, Victorio Macho o Miguel Delibes, entre otros grandes genios castellanos, los partidos que dicen representar la nueva política han asumido el mismo discurso que ya defendieron las antiguas formaciones protagonistas de la transición para crear falsas identidades y unas cuantas comunidades autónomas de más que cumplieran únicamente con sus propios intereses. Si Pablo Iglesias quiere entrar en el necesario debate de la reforma territorial  y la organización política de España, adelante, pero que no lo haga con una plurinacionalidad a la carta y a costa de un pueblo olvidado, dividido y cada vez más deshabitado. España le debe una a Castilla.

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