lunes 06.04.2020

En defensa de los nacionalistas

Diez votos secretos en la elección de la Mesa del Congreso han servido para recordar el catalán que hablaba Aznar en la intimidad y el papel decisivo que han tenido en no pocas ocasiones los diputados nacionalistas, nacionalistas de derecha matizaría yo, que desde la recuperación de la democracia española se han sentado en el Congreso de los Diputados. No faltará ahora quien utilice este último capítulo de la telenovela en la que se ha convertido la política española para esgrimir la necesidad de una reforma electoral bajo el único argumento de eliminar poder a estos partidos. Y a quien defienda esto yo les pediría prudencia y reflexión para no cometer errores que pueden complicar aún más la situación que atraviesa el país.

Los diputados de los partidos nacionalistas en el Congreso hoy en día no hacen otra cosa que no haga el resto de diputados: mirar por el interés de sus formaciones. Con una diferencia, mientras que los diputados de estas formaciones se presentan en las provincias en las que han nacido o vivido, con conocimiento por tanto de ellas, el resto de formaciones utiliza el sistema de circunscripción provincial para colocar a candidatos paracaidistas que no saben nada de la tierra a la que han caído de casualidad. Un ejemplo de esto lo encontramos en el Ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá, nacido y residente habitual de Madrid, y a quien en las dos últimas elecciones su partido lo presentó como cabeza de lista por Cuenca. ¿Acaso no tiene el Partido Popular en la provincia de Cuenca a nadie capaz de representar a sus paisanos en la Cámara Baja? Primera mala práctica de los partidos estatales por la que se pervierte un sistema electoral que no es tan malo como lo pintan.

Pero yendo más allá de la crítica política, que hasta podría sonar populista, quisiera hacer una reflexión social. Son muchos los que han defendido que una circunscripción única, similar a la que se utiliza en las elecciones europeas, favorecería la proporcionalidad entre el voto y la representación. No me cabe duda de ello, pero quien defiende tal tesis no conoce la realidad social y territorial de España ni los motivos que en la transición nos llevaron hacia el invento de las comunidades autónomas y la instauración del sistema electoral actual. Los movimientos nacionalistas han sido decisivos en la política española a lo largo de los dos últimos dos siglos. Y no, al contrario de lo que se ha hecho pensar, no son movimientos minoritarios: el PNV no ha perdido en votos una sola elección autonómica en el País Vasco, en Cataluña CiU (en las últimas elecciones Junts pel Sí) ha sido el partido con más escaños en cada una de las elecciones autonómicas que se han celebrado desde el año 1980 y tanto el uno como el otro han tenido representación en el Congreso de los Diputados desde las elecciones de 1979. No en vano, el PNV es el segundo partido más antiguo de España después del PSOE.

Todos estos datos no se explican con una casualidad circunstancial o una coyuntura histórica. Más bien son el reflejo de un sentir social que existe en determinados territorios de nuestro país, un país que por cierto, nos guste más o menos, es diverso en costumbres, culturas y lenguas. Por tanto, imponer una circunscripción única en España puede suponer el desprecio a un parecer mayoritario en algunos de nuestros territorios. O dicho de otra forma, la circunscripción única levantará un nuevo muro en donde lo que más hace falta ahora son puentes. Los nacionalistas se han ganado su lugar en las instituciones de manera democrática con el respaldo de los ciudadanos y además, dicho sea de paso, parece que están dispuestos a hacer el trabajo que las principales formaciones se niegan a realizar mientras se miran el ombligo. A fin de cuentas todo parece indicar que saldrá un gobierno del partido que ganó las últimas elecciones. Lo cual tampoco suena absurdo. La acción de gobierno y las medidas que lleguen a tomar con el apoyo de unos u otros es otra cuestión aparte que está por ver.

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