sábado 25/9/21

Vox y Podemos, decimales

Último fin de semana antes de pasar por las urnas y últimas horas de una inmerecida tortura a las meninges de los madrileños y, por anómala extensión a la política nacional. Por eso la buena noticia es que solo quedan cuarenta y ocho horas de una campaña electoral para olvidar.

A partir del 5 de mayo, el miércoles que viene, ya digeridas las primeras consecuencias del recuento de votos, una buena noticia más. Los dos partidos que han contribuido a envenenar la caza del voto, Vox y Podemos, serán decimales en el perfil político de la nueva asamblea regional de la Comunidad Autónoma de Madrid: los dos últimos de la clasificación en una liga de cinco, o dos de los tres últimos en una liga de seis si Ciudadanos acaba entrando en la clasificación.

No es baladí este último matiz de la eventual aritmética de las urnas del 4 de mayo. Que la candidatura de Edmundo Bal (Cs) alcance el umbral de del 5 % de los votos será decisivo para que la cantada ganadora de las elecciones (Díaz Ayuso, con toda seguridad) pueda prescindir de la ultraderecha (Vox) como socio de gobierno y, por tanto, eliminar una fuente permanente de tensión alimentada desde la izquierda.

Dos apuestas confesadas del columnista. Una, por la declinante estrella personal del ex vicepresidente del Gobierno, Iglesias Turrión. Otra, por el alejamiento del poder del partido de Santiago Abascal. Y hago votos para que todos las veamos como deseables factores de saneamiento de la vida política regional y nacional. Aunque una parte del mal ya está hecho en el desprecio a la inteligencia de los votantes que esas dos fuerzas han contagiado a las demás.

O sea, insulto masivo a la inteligencia por contagio. Desde el teatro de Iglesias como virgen ofendida por las amenazas postales hasta la definición de la libertad en voz de Díaz Ayuso (“No encontrarte con tu ex en la calle”), pasando por la malversación sanchista del profesor Gabilondo o el idiotismo de quienes se empeñan en recuperar banderías afortunadamente superadas (“Fascismo” frente a “Comunismo”).

Pero lo que realmente importa a los ciudadanos se perdió en la polvareda de una campaña embrutecida por los insultos, el odio, las mentiras, los adoquines y la teatralización de situaciones que dan para ponerse estupendos en nombre de las grandes palabras (democracia, libertad, respeto, tolerancia), no en nombre de los apremios contantes y sonantes (paro, colas del hambre, funcionamiento de los servicios públicos en la región, vacunas contra la Covid).

Me quedo con esta paradoja de una política cada vez más banalizada: Sánchez debería estar agradecido a su enemiga declarada, Díaz Ayuso, por haberle quitado de encima al socio incómodo. Y Ayuso debería estar agradecida a Iglesias por haberla hecho grande en las urnas.

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