Opinión

Vota Andalucía

Si con el peor resultado de su historia (20%) el PP gobernó gracias a su sindicación derechista, con Ciudadanos desde dentro y Vox desde fuera, tras las elecciones de 2018, nadie puede garantizar que cuatro años después no puede ocurrir lo mismo por la banda izquierda.

Dicho sea como cautela protocolaria frente a eventuales sorpresas. No parece que sea el caso. A la vista de las encuestas, es muy improbable. Las encuestas vienen cargadas de mensajes. A saber: la paciente elaboración del perfil centrista que caracteriza a Moreno Bonilla (PP), la evidente flojera del candidato socialista, la desmotivación reinante en su electorado natural y el desgaste de la marca “Sánchez”.

A partir de ahí, todas las aproximaciones al hipotético escenario que alumbren las urnas dan por hecha una sobrada victoria del PP y se centran en determinar si será suficiente para gobernar en solitario o tendrá que hacerlo en compañía de Vox. Sobre esa incógnita no solo giran los finos analistas. También los equipos electorales, con su más o menos explícita estigmatización del partido de Macarena Olona.

Me explico. Lo hacen desde la izquierda, en nombre de una alerta “antifascista” empeñada en que PP y Vox vienen a ser lo mismo. Algo que no cala entre los votantes andaluces. Y lo hacen desde la derecha, porque el PP, personalizado en la figura moderada de Moreno Bonilla, no pierde ocasión de marcar distancias, evitar el cuerpo a cuerpo con el estilo provocador de la candidata Olona y jurar por todo que en sus planes no está gobernar con la ultraderecha.

Hasta tal punto se beneficia el PP de la alarma “antifascista”, jaleada por el PSOE dentro y fuera de Andalucía, que le sirve para captar votantes fuera de su clientela natural. Simplemente, sugiriendo que repetiría elecciones si la aritmética electoral le obligase a gobernar con Vox.

El miedo a una repetición de elecciones funciona, pues, como una forma de orientar el voto útil hacia un PP que va de ganador indiscutible en estas elecciones. También entre los propios votantes de Vox que, al fin y al cabo, son exvotantes del PP. De ahí el error que comete el PSOE cuando dice que “votar al PP es votar a Vox”. El mantra también es válido si lo formulamos al revés, teniendo en cuenta que el tiró es de quien está llamado a gobernar cuatro años más.

No es el único error que está cometiendo un PSOE que por primera vez en Andalucía concurre a unas elecciones desde la oposición, y no desde el poder. Falta de costumbre en un territorio que siempre fue el gran feudo de la izquierda. Sin embargo, hoy por hoy, la izquierda está en el desbarajuste. Y, concretamente, el PSOE está encogido, acomplejado y con muy poca fe en las posibilidades de su candidato.

Así no hay forma de competir.

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