Trump nos descoloca

Vivo en estado de perplejidad con los movimientos del cabestro de la Casa Blanca. Me saca de mis casillas y nunca mejor dicho. Nos sacan a todos del salmo coreado por el Rey: "Orden global basado en reglas". La voladura de ese dogma civil, sagrado en esta parte del mundo, en fin, nos pone fuera de juego.

Es como quedar a la intemperie, despojados del sistema de valores que nos encasilla hasta ahora (multilateralismo, legalidad, urnas, humanismo) y nos deja más expuestos que nunca a las bravatas de un matón internacional con músculo político y militar suficiente para restaurar la ley de la selva por la fuerza de su real gana.

Las luces de la razón se apagan ante motivaciones reñidas con lo que Felipe VI ensalzó en su discurso de la Pascua Militar, y con las campanudas apelaciones de las cancillerías europeas a la "legalidad". ¿Cómo encajar el respeto a la soberanía nacional o la integridad territorial en la captura a sangre y fuego de Nicolás Maduro, so pretexto de juzgarle por un delito contra la salud pública de los norteamericanos? ¿O se trataba de acabar on un tirano que ha asesinado a "millones de personas" y apadrina horrendos centros de tortura?

Si escuchamos a Trump nos haremos un nudo en el cerebro al querer saber por qué interactúa con el chavismo. Echa al dictador y se queda con la dictadura como garantía de la estabilidad reclamada por inversores que esperan lucrarse con las riquezas del país. También patinaremos si ponemos en duda, con lógica incuestionable, que en los delitos de narcotráfico o pertenencia a organización criminal solo estuviera Maduro ¿Acaso Delcy Rodríguez, la sucesora ungida con las bendiciones de Trump, no tenía nada que ver con la narcopolítica venezolana y las torturas a los enemigos del régimen?

Los notarios políticos y mediáticos de las obras de Trump -por sus obras los conoceréis, según el dicho bíblico contra los falsos profetas- son unánimes a la hora de procesar las intenciones del arrogante matón de Washington: Trump antepone la seguridad y el petróleo al proceso democrático en Venezuela. Por supuesto. Las urnas pueden esperar mientras la revolución bolivariana interactúa con los propósitos "comercialistas" que han inspirado el secuestro de Nicolas Maduro.

Y ahora, Groenlandia, puede ser el siguiente episodio de la serie, que bien podría titularse "Tanques contra trineos", mientras una Europa acobardada pasea su mirada condescendiente sobre el cabestro de la Casa Blanca, lo mismo que las potencias occidentales pasearon la suya a finales de los años treinta y primeros cuarenta del siglo pasado, cuando Hitler hablaba de volver a hacer grande Alemania tras los agravios del pacto de Versalles. Y ahí lo dejo, como dicen los chispeantes tertulianos.