domingo 05.07.2020

Repunte, negra sombra

Cuando el Gobierno anunció las características del plan de desescalada hacia la "nueva normalidad", puso en circulación dos adjetivos, "gradual" y "asimétrico". Debió haber añadido el que, a mi juicio, tiene más relevancia y nos puede dar más disgustos. A saber: "reversible".

Es la sombra negra que planea sobre las previsiones del mando único respecto al desconfinamiento coordinado con Comunidades Autónomas, cuyos responsables solicitarán el ritmo (por fases) que convenga a cada una de ellas. Acelerarlo de forma prematura puede ocasionar indeseables consecuencias.

Me refiero al temido repunte de la pandemia. Atención, porque si no se gestiona bien la desescalada, si se baja la guardia frente al insidioso coronavirus, podemos volver a las andadas.

De entrada, a muchos expertos les parece aventurada, sobre todo en ciertas zonas del país, la decisión de abrir la mano al desconfinamiento, aunque sea gradual y asimétrico, sin haber dispuesto previamente elementos de juicio contenidos en el banco de datos que debería haber proporcionado el "mapeo" de la pandemia, según el plan oficial de muestreo (unas 30.000 familias).

Recuerdo perfectamente la respuesta del coordinador-portavoz, Fernando Simón, a preguntas de un periodista interesado en el riesgo de un rebrote epidémico: "Estoy seguro de que habrá rebrotes. Intentaremos que nos pillen preparados y sean los menos posibles", dijo antes de precisar que, si se comprobase que nos hemos apresurado, "daríamos marcha atrás".

Si se diera el caso de una marcha atrás por repuntes no episódicos, me temo que volveríamos al confinamiento y las consecuencias serían catastróficas. Agravarían el carácter dramático que, aun sin rebrotes, va a tener de todos modos el actual confinamiento en una España políticamente inestable, económicamente rota y socialmente explosiva.

Por otra parte, esa España que viene no va a perdonar el penoso espectáculo de una clase política incapaz de acompasar esfuerzos en remada conjunta contra el enemigo público número uno. Y en eso incluyo las retóricas llamadas del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a "despolitizar la emergencia", porque él no está libre de culpa. Los hechos desmienten sus retóricos ofrecimientos de mano tendida al PP, como principal partido de la oposición. Y al líder de este partido, Pablo Casado, tampoco le exculpan unos hechos marcados por la inoportuna tendencia a creer que tumbar una nueva prórroga del estado de alarma podía equivaler a tumbar al adversario político.

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