Opinión

Que viene Vox ¿Y qué?

A dos jornadas de las urnas andaluzas del domingo 19 de junio, una certeza y una duda. La certeza es una holgada victoria del candidato del PP, Juanma Moreno Bonilla. La duda, en función del tamaño de la victoria, es si gobernará sólo o en compañía de Vox.

Es el gozne de un acalorado debate de vísperas. Algo de aberrante tiene que Vox haya sido “leit motiv” de la campaña hasta última hora. Y que los procesos de intención cruzados a cuenta suya cursaran como creadores de estados de opinión para influir en el votante. El domingo sabremos con qué resultados.

No solo se han procesado las intenciones del otro (PP, presunto ganador). También se procesan las de quienes estigmatizan a Vox como eventual aliado del PP. Todos los partidos de izquierda, incluido el mayoritario de Juan Espadas (PSOE), con la intención de movilizar a los suyos, ya han dicho que en ningún caso facilitarían la investidura de Moreno como forma de impedir que Olona (Vox) sea vicepresidenta.

En definitiva, todo apunta indefectiblemente a uno de estos dos escenarios: gobierno en solitario con mayoría absoluta del PP o gobierno del PP en coalición con Vox. El primero cancelaría cualquier controversia. Pero el segundo la prolonga, y hacia éste vamos, por imperativo matemático repetido en todas y cada una de las encuestas que hemos ido conociendo a lo largo de la campaña.

Toca pronunciarse sobre lo que viene. Este comentarista se coloca en el bando de quienes no están dispuestos a escandalizarse si llegado el caso, como ya ocurrió en Castilla y León, el presunto ganador, Moreno Bonilla, se ve obligado (por gusto no lo haría, lo ha dicho en todos los idiomas) a incluir a la ultraderecha en el gobierno de la Junta.

Si no ardió Francia ante la posibilidad de que la ultraderechista Le Pen hubiera saltado a la presidencia de la República, no entiendo el rasgado de vestiduras por la posible entrada de Vox en un gobierno regional. La cultura del pacto, como elemento de estabilidad, debe abrirse paso en la comunidad autónoma más poblada de España.

Lo cual no impedirá que, de cara a las próximas elecciones generales, el bloque de la izquierda-ultraizquierda, personalizado por Pedro Sánchez, donde habitan fuerzas de declarada aversión al vigente orden institucional, cargue contra el bloque de la derecha-ultraderecha, personalizado por Núñez Feijóo, en el que se pregonan indeseables postulados racistas, xenófobos y euroescépticos.

Dicho sea todo lo anterior con la única intención de que reparemos en la simetría argumental que exige la valoración de ambas situaciones.

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