lunes 8/3/21

El miedo como vacuna

La vacunación de la ciudadanía se ha convertido en una de las tres herramientas de poder a disposición de Pedro Sánchez. Las otras dos son los PGE21 y el generoso volquete de millones que la Unión Europa pondrá a disposición del Gobierno.

En torno a estos tres ejes de la política nacional giró el pleno del Congreso del miércoles, oficialmente dedicado al seguimiento del estado de alarma y las últimas cumbres europeas. Aunque, como viene siendo habitual, se convirtió en un debate sobre el estado de la nación, con la enésima confrontación pedro-pablista de la legislatura.

El esquema es reiterativo, constante y de una insoportable levedad. A saber: Pedro empuja a Pablo hacia la ultraderecha (Vox) y Pablo empuja a Pedro hacia los enemigos de España (el tridente subversivo de UP, ERC y Bildu). Ninguna novedad en este sentido. Por lo demás, cada fuerza política de base parlamentaria se dedicó a cuidar su respectiva parroquia electoral. También insoportablemente previsible.

La diversidad de los temas y los respectivos enfoques produjo un resultado decepcionante respecto a las verdaderas preocupaciones del ciudadano. La angustia colectiva por los estragos de la pandemia desapareció en el discurso voluntarista de Sánchez y el sambenito de "mentiroso" ("usted no se cansa de mentir"), que le colgó el líder del principal grupo de la oposición, Pablo Casado. Y la respuesta de Sánchez no se hizo esperar, con una desapacible alusión a la agenda "lunática" de Pablo Casado y la agenda "marciana" de Vox.

Llegó este pleno parlamentario cuando la descendente curva de los contagios cambiaba de tendencia, aunque no de forma alarmante, por culpa de la movilidad social durante el pasado puente de la Constitución. Algo que no ocurría desde el pasado 2 de noviembre. Por lo que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, nos advirtió de que no le temblará la mano a la hora de dictar más restricciones de las previstas de cara a las fiestas navideñas.

El temor a una tercera ola se ha apoderado de los españoles y de su clase dirigente. Y algunos pensamos que ese temor puede funcionar como una vacuna en vísperas de las señaladas fechas que se avecinan. Mucho mejor si las afrontamos con el miedo en el cuerpo. Pensemos en la euforia que muy probablemente se hubiera generado tras una prolongada caída de la curva en las tasas de contagio.

Entrar en las Navidades, que es la madre de todas las fiestas, con la sensación de que estamos en el fin de la pesadilla, no hubiera traído más que desgracias. De esta manera, psicológicamente vacunados con el repunte del anterior puente decembrino, los españoles nos tomaremos más en serio los riesgos de volver a las andadas.

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