lunes 8/3/21

Maldito 2020

Cayó la última hoja del maldito 2020, pero no decayeron sus dos malditas aportaciones a la memoria colectiva:

Una, la pandemia, importada del exterior. Con la pandemia se instaló la doble amenaza a la salud y el bolsillo de los españoles. Salvar vidas sin perder demasiada riqueza. O mantener la riqueza sin perder demasiadas vidas. La forma de conjugar los términos de la ecuación ha determinado las tensiones entre Gobierno y Comunidades Autónomas, mando único al principio y gestión descentralizada después.

Otra, de factura exclusivamente nacional, ha sido la entrada en la dirección del Estado de fuerzas políticas hostiles al Estado. Con esa impregnación "republicana" y "plurinacional" se instaló la política de bloques y se despertó el fantasma guerracivilista, "esa dolencia crónica del cuerpo español", como decía Azaña, a cuya memoria se rinde homenaje en la exposición por el 80 aniversario de su muerte (Biblioteca Nacional, Madrid).

Todo lo demás cuelga de esas dos grandes perchas informativas del año amortizado. Desde el maná europeo contra los efectos económicos de la pandemia hasta los daños reputacionales causados por el rey emérito a la Monarquía.

Es un hecho que los sillares del poder sanchista son la vacunación y el volquete de millones (140.000) a disposición de España como segundo país más beneficiado de los fondos destinados a suavizar el impacto de la covid 19 sobre la riqueza, el paro en general y el paro juvenil en especial.

También es un hecho que desde el mismo corazón del Gobierno se airea la necesidad de reverdecer la vieja cuestión Monarquía-República, a pesar de que en el ranking de preocupaciones de la ciudadanía se empareja con el futuro de las amebas. Pero se fuerza el debate, aunque encienda los ánimos y genere enfrentamientos estériles.

Se cierra el año con la idea generalmente aceptada de que los PGE21, la vacunación y los millones de la UE garantizan la permanencia del Gobierno de coalición y la estabilidad política del país para los tres años que le quedan a la legislatura. Pero las ideas, incluidas las generalmente aceptadas, son como los gases. Se enrarecen al dilatarse. Se desvirtúan al expandirse. Una mayoría radicalizada por la presencia de fuerzas desafectas al orden constitucional puede acabar siendo un aglutinante del bloque instalado al otro lado de la barricada.

Sería un efecto colateral de la polarización. En un régimen de opinión pública la demanda de centralidad puede frenar la polarización. Un giro al centro del PSOE rompería el tablero salido de la aprobación de los PGE y aún pendiente de cerrarse con un eventual cambio de cromos entre PSOE y ERC tras las elecciones catalanas del 14 de febrero. Atentos.

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