viernes 21.02.2020

La fuerza del Estado

Declaraciones de Pedro Sánchez hilvanadas en el inminente paso por las urnas. Sostiene que la Democracia es más fuerte que una república en la nube, en la calle, en un parlamento paralelo, o en la calenturienta imaginación de sus declamadores.

El independentismo trata de eludir ese dato de la realidad, a pesar de los golpes recibidos en aplicación de la ley (la sentencia del TS ha sido el más duro), también en clave digital. Hablo del decreto ley aprobado en Consejo de Ministros contra el despliegue ilegal de propaganda mediante servidores digitales localizados fuera del campo político y geográfico de la Unión Europea.

También en la "acción exterior" (suspendido el Diplocat) tenemos recientes pruebas de la exigible capacidad de respuesta del Estado frente a quienes pretenden reventarlo. O en la calle, respecto a operativos policiales para garantizar el funcionamiento de los servicios públicos. Y su derivada, en defensa de los agentes que, en el transcurso de esos operativos, son puestos bajo sospecha de forma insidiosa y no justificada.

La Abogacía del Estado se personará en defensa de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Y al Gobierno no le temblará la mano, según Sánchez, si el vandalismo y la guerrilla urbana acaban creando una situación insoportable.

De momento no considera que se den los supuestos para aplicar la Ley de Seguridad Nacional. Ni el artículo 155 de la Constitución. En el primer caso porque la coordinación de los cuerpos policiales ha impedido que el desmadre vaya a mayores. Y en el segundo porque la situación no encaja en el marco legal fijado por el TC para aplicar el citado "remedio excepcional y subsidiario con expresa mención a un límite temporal concreto".

De esos polvos, estos lodos. La unilateralidad y la violencia han hundido al soberanismo catalán. Sufre un importante desgaste reputacional dentro y fuera de España. Un proceso de desprestigio que ira a más si se agotan las cantidades industriales de paciencia y moderación de los cuerpos policiales ante la furia televisada del independentismo más radical. Las imágenes han llegado a las opiniones públicas de todo el mundo, con demoledores efectos sobre el presunto pacifismo de la causa.

El temor expresado por analistas y clase policía se centra ahora en una eventual cronificación de la violencia en vísperas de la visita del Rey a Barcelona y la jornada electoral del 10-N. Si se superan esas dos fechas sin lamentar nada irreparable, la siguiente pantalla será exclusivamente política.

Pasa por reconocer el fracaso del "procés" y un nuevo reparto de cartas en las urnas, con cantada batalla entre los de Puigdemont y los de Junqueras por la primacía en el campo soberanista. Ambos inhabilitados, por cierto, porque la Democracia es más fuerte que ellos y que sus ilegales pretensiones.

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