Opinión

Gobierno con grietas

Se están agotando los adjetivos que se despachan para referirse a lo que parece un Gobierno de coalición en estado terminal. Desde la cabeza de Sánchez con olor a pólvora hasta la más piadosa visión de los analistas más cercanos a las tesis de Moncloa, que se limitan a constatar el “momento de gran debilidad para el Ejecutivo”.

Mientras tanto, la derecha sigue reinando en los sondeos electorales, con la combinación PP-Vox al borde de la mayoría absoluta. Y al mismo tiempo, la arrogancia del independentismo sigue poniendo contra las cuerdas al Gobierno por cuenta del informe “Citizen Lab” (grupo de expertos de la Universidad de Toronto, en el que trabaja el activista Elies Campo), sobre el espionaje a dirigentes políticos y sociales del secesionismo catalán mediante la tecnología “Pegasus”.

La pinza argumental es inevitable. Por un lado, el llamado “efecto Feijóo”, la irresistible ascensión del partido de moda (Vox) y el descuelgue de los votantes socialistas que no aprueban las alianzas con enemigos del orden constitucional. Por otro, la arrogancia de los amigos independentistas: si el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés (ERC), amenaza con romper el bloque de investidura si no ruedan cabezas, Carles Puigdemont (Junts) manda directamente a la mierda a quienes de una u otra forman trabajen para el Estado español.

Y la tercera en la frente. Con el enemigo dentro. O sea, con los socios de Unidas Podemos disparando contra el Gobierno desde el Gobierno, en la aberrante ambigüedad de quienes navegan entre el poder y la oposición, aunque alineados con los enemigos del sistema.

Por no hablar de la nueva fractura abierta entre los ministros socialistas. Los que apoyan las tesis de Margarita Robles sobre un CNI que hace su trabajo en el marco del Estado de Derecho (son mayoría). Y los que apoyan el apaciguamiento de los independentistas (son minoría), adscritos a las las tesis de Sánchez que traslada el ministro Bolaños.

Es lo que hay. Un Ejecutivo a la defensiva acosado desde dentro y desde fuera, con grietas verticales y horizontales que amenazan la ruina del consorcio PSOE-UP y el bloque que lo sustenta. Lo suyo sería convocar elecciones. Sería lo normal. Pero nada es normal cuando, en nombre de la supervivencia en el poder, el Gobierno de la nación queda a merced de los grupos de reconocida aversión al Reino de España.

Lo último es el enésimo rastreo de la orografía parlamentaria que hacen los analistas para entender cómo se las arreglaría Sánchez si pierde el favor de los trece escaños de ERC en el Congreso. Ahora trata de convencer a su gente de que la legislatura puede seguir adelante sin ese apoyo. Me temo que el proceso de descomposición ya es irreversible.

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